Como ya conté en el anterior post, hace dos semanas estuve “vaguete” a la hora de sacar fotos y tiré de una que había hecho semanas antes. Sin embargo, esta semana ha sido todo lo contrario. He tenido la oportunidad de sacar la cámara a la calle tres días, por lo que me encuentro con material suficiente y distinto sobre el que elegir y trabajar. Los dos primeros días fueron sesiones nocturnas, nada más salir del trabajo y, el tercer día fue una sesión matutina, aprovechando un evento cultural celebrado el sábado en una fuente cercana a mi lugar de residencia.
Sí, ya sé que las fotos nocturnas son muy atractivas y llamativas, con los haces de luz de los coches al pasar, o la iluminación y el colorido de edificios y demás elementos urbanos, pero el evento de este sábado era tan curioso que no podía dejar pasar el post de esta semana sin mostrar una foto del mismo. Al fin y al cabo, los edificios no se van a mover de sitio y, puedo volver otra tarde-noche a fotografiarlos, aunque el frío sea un duro rival contra el que luchar.

El pasado sábado, una asociación local, ADOS (no sé lo que significa, lo siento), llevó a cabo la actividad “Llévame contigo“, en la que quería “despertar la conciencia por el cuidado de nuestros parques y dejar un mensaje: A mí me puedes llevar a casa; aquello que tires al estanque, no“. Consistía en lanzar unos cuantos patitos de goma (alrededor de 700) desde lo alto de una cascada artificial para que poco a poco fueran descendiendo hasta el lago donde plácidamente se acercarían hasta la orilla y serían adoptados por las personas que allí se encontraban.

No soy yo quién diga si el acto fue un éxito o no. Gente había, no sé si la esperada, más o menos. Lo cierto, es que pocos patitos de goma quedaron en el agua y, el que allí quedó no fue por desgana por parte de los padres o niños, sino porque se “habían refugiado” en lugares realmente inaccesibles.

Y eso que había gente bien pertrechada para la ocasión. Mientras que la mayoría iba con las manos en los bolsillos esperando que los patitos llegaran a la orilla tranquilamente, había algunos niños (o mejor dicho, sus correspondientes padres) con cubos, cazos atados al palo de la escoba e, incluso cascos de bici unidos a un largo cordel. Y, qué decir de aquellos que se mojaron, no sólo las manos, braceando para atraer al animalito hasta sus “garras”, que algunas personas, mayores en su mayoría, parecían más ávidos por conseguir el botín de juguete, en alguna ocasión a costa de otros niños, que el tío Gilito por ganar un céntimo más. Al final, yo creo que todos los niños que allí asistieron, se llevaron como mínimo un patito, eso sí, también les hubo que se llevaron a casa una bolsa de la compra totalmente llena.

Si habéis pinchado en el enlace adjunto, habréis podido ver un resumen de la sesión. En cuanto a la foto de portada, unos dirán que en el resumen hay alguna mejor, otros dirán que les gusta, otros dirán que tenía que haber pasado de las fotos del sábado y haber puesto una de las sesiones nocturnas. Y, ¿yo por qué la he elegido? Porque me parece simple, pero a la vez clara, limpia, representativa, entrañable, graciosa, curiosa, tierna, bien compuesta, o no muy mal compuesta, según se mire (aquí espero las críticas y correcciones, gracias de antemano).

En varias ocasiones, leyendo foros o visitando páginas web de fotografía, he visto fotos que en un primer momento pueden ser poco llamativas por su extrema simpleza, pero posteriormente, observándolas con más detenimiento pienso, ¡joder, pues si la foto es muy buena!. Es en la simplicidad donde, también, reside la belleza y, el arte de la fotografía no podía ser menos, ¡ojo, que no digo que esta foto lo sea!, ahí queda la opinión de cada uno, ¿verdad, sr. González?.

Y, entonces, me planteo: ¿yo por qué no hago fotos así? En primer lugar, y de manera muy destacada, porque no tengo ni … idea de fotografía y me queda un mundo por aprender y mucho que practicar. Sin embargo, no desespero (de momento) y sigo intentándolo. Así que, aquí va una primera aproximación a esa idea: foto simple y sencilla; con un centro de interés claro y conciso, teniendo los elementos justos para no agobiar (menos es casi imposible); con un punto de vista diferente, porque lo fácil habría sido elegir una foto con el mogollón de patitos en el agua; una foto en la que el principal elemento destaca por sí solo del fondo, gracias, sobre todo, a su colorido; una foto en la que la mirada y la posición del pato nos indican, imaginariamente, hacia dónde se dirige.

Pero, como quiero ser crítico conmigo mismo, seré yo quien le ponga la primera pega, aunque eso no haya sido óbice para que fuera la portada: la foto está centrada y no cumple bien la regla de los tercios, verticalmente hablando. Si el pato hubiera estado un poco más abajo, habría sido mucho mejor, pero los novatos nos damos cuenta de estas cosas a posteriori, cuando vemos las imágenes en el PC y ya no se puede repetir la toma. ¿Podría haberla recortado por abajo, sí, pero quiero mostrarlo todo, lo “bueno” y lo malo, para que seáis vosotros los que me aconsejéis y me ayudéis a mejorar.

Y, para terminar la jornada lúdico-festiva-cultural, y con los bolsillos llenos de patos, 7 nos llevamos finalmente a casa, qué mejor que celebrarlo, junto a unos amigos, degustando un buen vino, concretamente un moscato piamontés, fresco, sabroso y delicioso. No, de esta parte no hay fotos, lo siento, porque alcohol y fotografía no se deben llevar bien y la cámara ya estaba en su estuche descansando: o la copa o la cámara y, ahí, la copa gana.

Muchas gracias a todos y hasta la semana que viene.

Titulo: “Lonely pink ducky

Datos EXIF

ISO: 200
Apertura: f/5,6
Velocidad: 1/400
Distancia focal: 300 mm

Licencia Creative Commons

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