Se acerca la Navidad, las luces navideñas ya se van encendiendo, Cortylandia ha empezado sus actuaciones y los mercadillos tradicionales van abriendo sus puertas. Es, por tanto, una buena oportunidad para acercarse al centro (de Madrid) y pasar allí el día.

Aprovechando la festividad de la Inmaculada y, que el día amanece completamente despejado, nos enfundamos en nuestros abrigos, nos enroscamos las bufandas al cuello y nos ponemos los gorros para no pasar ni una pizca de frío, que, en esta época, el sol ya calienta poco y, pasear durante todo el día por la calle hace mella en la temperatura corporal.

Ir en coche al centro estos días es una locura e, incluso una irresponsabilidad, porque varias calles están cortadas al tráfico, sin contar las que poco a poco han ido peatonalizando. Además, los parkings públicos se llenan con rapidez, por lo que, al final, se está más tiempo esperando a aparcar que disfrutando de la ciudad. Por lo tanto, la mejor opción es ir en tren, sobre todo ahora que hay una estación de cercanías en la misma Puerta del Sol (no voy a entrar en polémicas de si está bien o no, a mi me gusta y, además, me viene fenomenal). En definitiva, ¡más céntrico imposible!.

Como el día es largo, da tiempo a realizar muchas cosas. De la mano de un joven arquitecto madrileño y su familia, nos acercamos a un local diferente, distinto y novedoso, Tipos infames. Se encuentra en la zona de Malasaña y, es una librería en la que se pueden degustar buenos vinos o tomar un café; o si lo prefieres es una vinoteca en la que poder encontrar numerosos títulos literarios. Es un lugar que merece la pena conocer, para perderse entre sus estanterías, para tomar algo relajadamente, mientras se disfruta de una buena compañía o se navega por la red aprovechando su WiFi.

Tras tomar un café calentito, el cual se agradece enormemente, y haber actualizado la biblioteca personal con un nuevo libro y la bodega con un buen moscato, reanudamos el paseo en dirección a la Plaza Mayor. Por la zona de Malasaña, la circulación de la gente que se ve por las calles es normal y fluida, pero cuanto más se acercan nuestros pasos a nuestro destino, más complicado es caminar y avanzar. Normal, por otra parte, allí están los mayores atractivos turísticos, comerciales y navideños.

En la plaza de Callao, por ejemplo, han instalado una minipista de hielo donde los niños pueden deslizarse alegremente, mientras los padres ven desde la barrera lo bien que lo hacen y, también, lo bien que se caen. Aprovechando que mis acompañantes se detienen a observar la escena, yo me fijo en el edificio Capitol, el del anuncio luminoso de Schweppes y, me acuerdo de la idea de un amigo consistente en decorar su salón con fotos de edificios en blanco y negro. Evidentemente, no es tan bonito como el edificio Metrópolis, al inicio de la Gran Vía, pero sí es un edificio emblemático y, sobre todo, muy conocido tras la película “El día de la bestia”. Como lo único que pretendo es tener una primera aproximación fotográfica del edificio, de manera que pueda evaluar si merece la pena o no volver otro día con más calma, no me entretengo mucho: un par de tomas desde un lado, un  par de tomas desde el otro y a buscar a mis compañeros, los cuales han sido absorbidos por la multitud y son difícilmente localizables, ¡si no fuera por los móviles!.

Unos metros más abajo, dirección a la Puerta del Sol, llegamos al famoso Cortylandia. ¿Cuántos años lleva este invento entreteniendo a los niños? ¿Qué niño no ha oído hablar de Cortylandia? ¿Quién no se sabe la canción o la ha tarareado alguna vez? Dichosa canción, por cierto, que ni las canciones veraniegas de Georgie Dann son tan pegadizas. Pues allí estamos, empieza la canción y a hombros los niños, no vayan a perderse ningún detalle de lo allí montado. Aunque, a decir verdad, el espectáculo de este año es muy flojo; quizás los más pequeños se vayan contentos al haber visto a unas figuritas moverse y, supuestamente, hablar, pero en realidad, el de este año es bastante cutrecillo, por decirlo suavemente. Será la crisis.

La Plaza Mayor tiene sus tradicionales puestos navideños donde se pueden encontrar todo tipo de elementos decorativos: la estrella del árbol, el pastorcillo para el belén, musgo, … Y, también, objetos de broma, gorros, trompetillas y, demás cachivaches que de nada sirven, pero que mucho alegran la cara del chaval al que se le compra el artilugio. Como es tradición, ponemos nuestro granito de arena en favor del negocio de barrio adquiriendo unos cuernos de reno con cascabeles de los que dan buen uso nuestros pequeños vástagos.

La tarde avanza y va anocheciendo poco a poco, pero por alguna extraña razón y, como si del resultado de una ecuación matemática se tratara, cuanto menos luz solar hay en el cielo, más gente aparece por la calle. Andar se convierte en una aventura y, más si llevas niños pequeños que aún no se defienden bien andando o van en carrito. Así que, en un ataque de lucidez y sensatez, decidimos ir hacia la estación de cercanías, para tomar el tren que nos devuelve a la tranquilidad del hogar.

Muchas gracias a todos y hasta la semana que viene.

Titulo: “Edificio Carrión

Datos EXIF

ISO: 400
Apertura: f/11
Velocidad: 1/800
Distancia focal: 24 mm

Licencia Creative Commons

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