¡YA ESTÁ AQUÍ LA NAVIDAD! ¡Qué alegría, qué ilusión! Como decían en aquellos entrañables dibujos de “Vickie, el vikingo”: ¡Estoy entusiasma-do!.Navidad, ¡oh, blanca navidad!. Y, es que todo aquel que me conozca un poco, sabrá que estas fiestas no me gustan. Desde hace ya muchos años ni me generan ilusión, ni alegría, ni nada especial que parece obligatorio tener que sentir en estos días. Y, mucho menos, no lo esperéis este año, en el que hay seres queridos (que fría me suena esta expresión ahora que la escribo) que ya no van a poder sentarse a nuestra mesa, ni darte ese beso ni ese abrazo cálido. No, este año no puedo ni intentarlo, lo siento, no me pidáis que esté contento cuando vienen a mi mente decenas de recuerdos y situaciones que ya no volverán a repetirse.

Sí, ya sé que tengo una familia y que por ellos debo estar feliz. Yo estoy y soy muy feliz con ellos. Y me lo pasé fenomenal montando juntos el árbol y decorándolo. Me gustará y me lo pasaré muy bien viendo a mi hijo, disfrazado de ovejita, cantar el villancico junto a sus compañeros del colegio. Me hará ilusión y me gustará verle su carita feliz cuando abra los regalos que Papá Noel y los Reyes Magos le dejen. Pero no me pidan más estos días, por favor.

¿Qué pienso yo de estas fechas, al margen de mi situación personal actual? Voy a soltar por esta boquita mia, o mejor por mis deditos. Quizás debáis taparos los oídos o, no seguir leyendo si no queréis cambiar la opinión que tuvierais de mi, si es que la teníais buena. Para mi estos días se resumen en dos palabras: HIPOCRESÍA y CONSUMISMO.

Días en los que nos deseamos buenas y bonitas cosas para el año siguiente, incluso cuando el resto de los meses ni nos tratamos, ni nos miramos a la cara. Días en los que las operadoras de telefonía se colapsan y engordan sus cuentas gracias a los miles de mensajes, a cual más imaginativo y/o chorra, que se envían y de llamadas que se realizan para contar todo lo que no nos hemos contado durante todo el año que ya se acaba. Días en los que muchas entidades y personas desplegamos todo nuestro arsenal solidario, unos para intentar captar esa ansiada ayuda que necesitan durante todo el año, atacando por el flanco débil de la solidaridad en estas fechas de “amor y paz” y, otros para lavar nuestras conciencias aportando un granito de arena a esas asociaciones necesitadas de recursos siempre, no sólo estos días.

Para los mortales llega dentro de pocos días, lo que para las grandes superficies llegó hace ya varias semanas. Ellas son las primeras en avisarnos que ya han vuelto, que “ya están aquíiiiiiii” estos polstergeist, digo fiestas, iluminando sus fachadas y sus pasillos, decorando sus escaparates y maniquís con espumillón, estrellas y bolas, con el fin de atraer a los consumidores a que hagan esas compras (excesivas), para regalar por el mero hecho de estar en navidad. Para ellos, el año contable se mejora un poco engatusándonos a comprar por comprar, a regalar por regalar, a consumir por consumir, aunque en muchas ocasiones no todo lo regalado sea necesario. Pero, !no pasa nada, chicos!, ahí está el gordo de la lotería que nos va a sacar de pobres, así que todos a comprar décimos y más décimos, ¿a quién no le sobran 100 ó 200 euros para gastar en la lotería de navidad?

¿Y hablamos de las comidas/cenas? Las de empresa son muy curiosas: siéntate al lado de ese compañero al que no aguantas y le pones la mejor de tus sonrisas; emborráchate con el superior al que criticas día sí y día también; paga un pastón (si tu empresa no se ha rascado el bolsillo, o aunque lo haya hecho) por lo mismo que comerías un día normal a menor precio y, encima con peor calidad. Y las familiares no se quedan atrás: vas a volver a ver a ese familiar al que hace justo un año que no ves el pelo; te pones a cantar villancicos con él mientras le vas pegando buenos tientos a la copa de vino. Y, ¿acaso hemos estado un año entero en ayunas? Estos días las mesas se abarrotan de platos y más platos. Y no platos normales, hay que sacar la vajilla buena para llenarla de suculentos manjares de los cuales no disfrutamos el resto del año (habrá gente que sí, pero en la mayoría de las casas no es lo habitual), quizás porque no nos acordemos de que existen, quizás porque no podamos permitírnoslo, o quizás porque …. no sea navidad. Y esto lo dice uno al que le encanta comer bien, que a mi hace tiempo que me dejó de preocupar la báscula y ante una buena mesa no me puedo resistir.

¿Soy raro, soy un “descastao”, soy un radical, soy un antisocial, soy un …? Unos dirán que sí, otros que no, otros que quizás tenga un poco de cada cosa, pero creo que no soy el único que opina así, aunque no todos se declaren tan abiertamente antinavideños. Curioso, mientras escribo este texto, recibo un correo con un enlace que me lleva a una página en la que se puede leer lo siguiente: “La Navidad es hortera, consumista, odiosa y desequilibrante casi para cualquier persona”. ¡Vaya, pues no soy tan raro como pensaba!, aunque quizás sí en demasía extremista.

Llegarán los demagogos que me digan que si no me gustan estas fiestas, que no coja vacaciones, o que venga a trabajar en esos días señalados. Pues sí, podría hacerlo, pero qué más da si trabajo o me quedo en casa, el sentimiento va a ser el mismo. Además, si no cojo vacaciones, ¡que lo voy a hacer, todo sea dicho!, ¿con quién se queda mi hijo durante las suyas? Pues alguien tendrá que estar con él, ¿no?.

No obstante, y por si a alguno le quedaba algún atisbo de duda, yo también lo soy (ahora me pongo los dedos tapándome los ojos). Yo también soy un hipócrita y un consumista. He comprado mis decimillos de lotería, lo único que gasto en todo el año. Haré esas llamadas para felicitar las fiestas. Hablaré con gente a la que no suelo ver el resto del año. Felicitaré las fiestas a los compañeros, gente allegada, comerciantes donde compre los regalos (la educación y el buen hacer deben primar ante todas las cosas). He comprado alimentos para alguna de las tantas campañas de “operación Kilo” que se despliegan estos días. Me llenaré la panza de ricos manjares y deliciosos caldos (que para eso me he comprado mi cava preferido, “mi capricho navideño”). Al fin y al cabo, la sociedad en la que vivimos nos guía por un camino del que es no es fácil, aunque no imposible, salir.

Aquí os dejo esta foto, que espero sirva como ejemplo de todas aquellas luces que adornan estos días nuestras calles. Luces de bajo consumo, encendidas durante las horas justas para ahorrar lo máximo posible, que los ayuntamientos, al igual que las personas, están “mu achuchaos” y, al final sale caro tanto despliegue lumínico. Aunque, últimamente la decoración navideña, en cuanto a luces se refiere, al menos en mi pueblo, está un poco sosa y, ya no son esos grandes adornos que iban de lado a lado de la calle, ahora priman los adornos, sobre todo, los adornos instalado en lo alto de algunas farolas, quedando el cento de la calle desangelado y despoblado.

Por cierto, el texto de esa página web que os he indicado antes continúa así: “Pero no debería serlo. La época navideña existe para y por cada uno de nosotros”. Y, para que lo podáis leer vosotros mismos, aquí os dejo el enlace: notodonavidady, si de paso os animáis, podéis participar en el concurso navideño que ellos proponen. Es muy probable que yo lo haga, por lo que espero vuestros votos.

Muchas gracias a todos y hasta la semana que viene.

Titulo: “Feliz Navidad

¡Felices fiestas y próspero año nuevo!

Datos EXIF

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Distancia focal: 50 mm

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