Ya sé que últimamente, o desde el primer día, ya no estoy seguro, los textos del blog han sido muy variopintos y dispersos, intentando explicar el por qué de una fotografía o simplemente acompañarla. El caso es que algunas personas me han dicho: “pero, ¿no era un blog de fotografía?” y, yo, ingenuamente, intentaba dar una explicación válida, un motivo, por el cual había desarrollado el texto en cuestión; otras semanas: “El post de esta semana no me dice nada, me parece vacío”; etc.. Aunque, también hay que decir que, me han indicado que les gustaba lo escrito (o divagado) por mi parte, no todo van a ser opiniones no positivas. En definitiva, que esta semana yo me he dicho a mi mismo: “este es (o era) un blog de fotografía, ¿no?”, pues ¡ale! a escribir (o divagar) sobre fotografía.

Sí, el blog lo gestiono yo y, como autor del mismo, elijo las fotos que me apetecen cada semana y escribo lo que me viene a la cabeza en cada momento, o aquello que considero más apropiado en función de la imagen. Pero, a pesar de ser yo el responsable único de esto, lo que no quiero es ser el dictador del mismo; de ahí que me guste, aprecie y atienda todos los comentarios que me escribís en el propio blog, por mail, en Facebook o, incluso los que me comentáis a la cara, ¡sí, señor!. Porque de todos vosotros aprendo algo: otras visiones de la fotografía, otra manera de verla, otra idea de la vida, …

Y, tras esta parrafada, que a más de uno le parecerá vacía y/o fuera de lugar o insulsa, pasaré a hablar de la fotografía que aparece hoy como protagonista esta semana y, por extensión, sus “extras”.

Algunos habréis identificado la toma, pero para el que no conozca la zona, o no se encuentre situado, esta fotografía está realizada desde un puente que parte de El Corte Inglés de Sanchinarro (Madrid) y cruza la A-I. Se hizo el pasado día 26 de diciembre, alrededor de las 18:20 de la tarde, apurando los últimos minutos de la “hora azul”, o “golden hour” u “hora mágica”, del día.

Que, ¿qué es la hora azul? Es el intervalo de tiempo que transcurre entre que empieza a anochecer y el sol ya se ha puesto. Es uno de los momentos del día más interesantes para practicar la fotografía paisajística, dado que los resultados pueden ser muy bellos. El cielo va tornando desde un azul intenso hasta la oscuridad absoluta y, propicia fotos visualmente muy llamativas. ¡Ojo!, como siempre advierto, no digo que mis fotos lo sean, que no quiero pecar yo de vanidad, pero esa es la teoría y lo que logran los buenos fotógrafos.

Una aclaración antes de continuar, en función de cómo tengáis calibrado el monitor donde estéis viendo esta instantánea, apreciaréis el cielo con un azul más o menos intenso. Si lo tenéis tirando a oscuro, os parecerá que ya es casi de noche, pero no es así, la fotografía tiene un vistoso color azul, os lo “super prome”.

Naturalmente, dependiendo de la época del año en la que nos encontremos, la hora azul empezará a una hora diferente cada día y, tendrá una duración distinta. Para saber cuándo se produce, existen aplicaciones y páginas en Internet que te indican la hora aproximada de inicio. Yo, ese día, cogí mi móvil y, trasteando con él, di con un programa que me señalaba que la hora azul comenzaría a las 17:54. Así que, una vez bien equipado contra el frío, con mi abrigo, mi gorro y mis guantes (¡que bien me vinieron para no perder los dedos por congelación!), cogí todo el equipo y, me fui al punto en cuestión, lugar al que ya le había echado el ojo unos días antes, no vayáis a pensar que la elección fue espontánea.

He dicho que cogí todo el equipo, porque no sólo llevaba la cámara y la ropa de abrigo. La fotografía, además de ser una afición tirando a cara, es una afición que implica muchos accesorios adicionales: algunos pequeños, otros grandes; unos ligeros, otros no tanto. En esta ocasión, al igual que en aquellas en las que la luz es escasa, como es el momento del atardecer, se hace necesario, obligatorio, el uso de un trípode. ¿Por qué? Fácil, por muy buen pulso que se tenga, en estas situaciones, hay que aumentar el tiempo de exposición de la cámara para no correr el riesgo de obtener tomas trepidadas (movidas). A ver quién consigue una foto no trepidada, hecha a pulso con una velocidad más lenta de 1/30 segundos, ¡y ya soy generoso!. Y, además, ¿para qué me había comprado yo uno días atrás? Pues, qué mejor ocasión que esta para estrenarlo y ver si la compra había sido buena, que, todo sea dicho, lo ha sido.

Aumentar el tiempo de exposición, ¡otra cosa rara que aparece por ahí escrito! Esto no es más que permitir que a la cámara (en realidad, a la película fotográfica en cámaras analógicas o al sensor en cámaras digitales) le entre luz durante más tiempo, que el disparo dure más tiempo. Observando los parámetros de esta imagen, vemos que el tiempo de exposición (velocidad) ha sido de 3 segundos, es decir, durante 3 segundos la cámara ha estado captando la información.

Un inciso, para realizar este tipo de fotografías, además del trípode, que como ya he comentado es esencial usarlo, también es conveniente hacer las fotos utilizando un disparador automático o, el temporizador de la cámara. De esta manera, se evitan todas esas vibraciones que, al apretar el botón de disparo, estropearán nuestra toma. Si la captura tiene una velocidad menor a 30 segundos, se puede usar el temporizador de la cámara, configurándolo para que empiece a hacer la foto 1 ó 2 segundos después de pulsar el botón. Si es mayor de 30 segundos, habrá que usar un disparador automático para iniciar y finalizar la captura de la imagen cuando el fotógrafo lo considere oportuno.

En tomas nocturnas y urbanas, como es el caso, aumentar el tiempo de exposición tiene, además, otra consecuencia, que no es otra que las estelas de las luces de los coches que van circulando por la vía. Estas estelas, según cómo y dónde se tomen pueden resultar muy espectaculares. En esta fotografía no se aprecia en exceso, porque me centré más en captar las torres junto con la luna, pero sí lo podréis ver en alguna de las fotografías extras de este post.

Y otra apreciación, por si alguien no se había dado cuenta. En la última foto del pack extra, si la miráis con detalle, observaréis que tanto la luna como la estrella (no sé cuál es y tampoco me he preocupado por averiguarlo) están “triplicadas”, tienen su propio halo luminoso.La razón es muy simple, en este caso concreto, hice 3 fotos, en un periodo de poco más de un minuto entre la primera y la tercera, sin variar la distancia focal (el zoom) ni la posición de la cámara. El resultado: todos los elementos estáticos se encuentran en el mismo lugar y con el mismo tamaño. Sin embargo, en lo referente a la estrella y la luna se puede apreciar un desplazamiento evidente. Posteriormente, en casa, no he hecho más que juntar las tres fotos con Photoshop y, ¡voilà!. ¿No os sorprende todo lo que ha rotado la tierra en ese pequeño periodo? A mi sí, nunca pensé que sería tan evidente en tan corto espacio de tiempo.
(Onomatopeya de un largo suspiro) Ya me he quedado a gusto. Ya tengo mi conciencia tranquila, porque una entrada del blog trata, principalmente, sobre términos y temas fotográficos y, sobre la realización de la toma. Espero no haber escrito demasiadas barbaridades técnicas, no haberos creado demasiada confusión y, sobre todo, no haberos aburrido en exceso.- ¿La semana que viene también será igual?- ¡Pequeña, la semana que viene está muy lejos! (con voz de rudo vaquero del oeste y guiño incluido.

Muchas gracias a todos y hasta la semana que viene.

Titulo: “Madrid skyline

Datos EXIF
ISO: 100
Apertura: f/11
Velocidad: 3
Distancia focal: 55 mm

Licencia Creative Commons

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