Semana 13 ó semana 12+1, como diría Ángel Nieto. ¿Me considero una persona supersticiosa? Pues, en general, yo no me definiría como tal. No me importa pasar por debajo de una escalera; no me importa que se cruce un gato negro por delante de mi; no me importa que se derrame sal encima de la mesa; me da igual si no me como las 12 uvas. Eso por el lado negativo. Por el lado positivo, no creo que se vayan a cumplir mis deseos por lanzar una moneda a un pozo o una fuente (y menos en estos tiempos, que la cosa está “mu achuchá”); ni que no me vaya a pasar nada malo si toco mi cabeza, digo, perdón, madera; ni que se produzca un milagro frente a mi si rezo; ni tampoco creo que cruzando los dedos obtenga unos resultados maravillosos.Sin embargo, con los números, sí que reconozco que soy un poco maniático, creo que no llego al nivel de supersticioso, pero maniático, sí. No, no llego al extremo de no nombrar un número concreto o, rechazar cosas porque lleven algún dígito en particular. Pero si puedo elegir, prefiero un 3 a un 4 ó, un 8 a un 7, por ejemplo. Podría decir que, esta manía viene de cuando jugaba al fútbol. Normalmente, siempre solía llevar los mismos dorsales: el 2, el 3, …, el 12, el 15 -que uno también ha calentado mucho banquillo-. Y cuando me daban algún otro, que no era el habitual, o me salía todo mal, o me lesionaba … Esperad, quizás eso no fuera culpa de los números, quizás fuera porque yo era un poco tuercebotas, pero cuando eres pequeño, o no tanto, ni te planteas esa posibilidad y, sí el que ha sido por “causas ajenas” a uno mismo. El caso es que de joven -de más joven que ahora, quiero decir- le cogí más cariño a unos números que a otros y, esa querencia continúa aún en estos días, pero, como ya he dicho antes, sin obsesionarme y sin rechazar radicalmente algo por su numerología.En cualquier caso, que ya estoy en la semana 13 (en negrita, por si quedaban dudas), que vamos avanzando poco a poco juntos y, que aunque el final del proyecto está todavía lejano, aún tengo ganas de seguir dándoos la tabarra con las fotos y los textos.

Fotográficamente hablando, la semana pasada fue muy importante para mi. Una asociación cultural de Alcobendas ha organizado una exposición, a raíz de un concurso fotográfico que empezó en el mes de noviembre. Allá que fui yo, presentando tres fotografías: foto, foto, foto. Lo hice sabiendo que no ganaría, pero quería dar un paso más, quería mostrar mis fotos a gente desconocida, que mirara las imágenes con ojos imparciales y que, al no conocerme, no estuviera casi en la obligación de alabar lo que hago.

Como ya he dicho, no he ganado el concurso. Ni siquiera he quedado entre los tres primeros, pero de las tres fotografías presentadas, han sido elegidas dos como finalistas dentro de las 25 que se muestran en el conjunto de la exposición. Algún mal pensado dirá: “Seguro que se han presentado 26 fotos en total”. Pues no, se han presentado más de 100 y, de todas ellas, dos de las mías están colgadas en la pared.

La exposición ha sido, además, una excusa para quedar con unos amigos y pasar con ellos la tarde-noche. En realidad, lo que se dice ver la exposición, la vimos muy rápidamente, sobre todo porque, los niños, como niños pequeños que son, no hacían más que corretear por la sala, y aunque había poca gente, no queríamos que nadie se molestara o que nos llamara la atención y nos pusiera la cara colorada. Así que, yo, que me las iba a “dar de entendido” y pensaba explicar los detalles técnicos de las fotos, me tuve que reprimir y dejar mi disertación para otro momento, jejeje, pero que conste que me la guardo para otro día.

Una vez en casa, los niños directos a la habitación a jugar, desperdigando todos los juguetes habidos y por haber (¡quién inventaría el Lego!) y, los padres, como el Plus, al salón, a charlar de sus cosas. ¡Jajaja, qué bella utopía!, cada dos por tres teníamos que detener la conversación porque éramos reclamados para montar una torre, o jugar con animales o pedirles que no gritaran tan alto, …, vamos, lo normal.

Y, ¿alguien se puede resistir a fotografiar a tres niños que están pasándoselo muy bien jugando juntos? Pues pocos, aunque a mi casi se me escapa la oportunidad, todo sea dicho. En uno de los múltiplos juegos y en una de sus múltiples carreras que dieron por la casa, lo siento por los vecinos de abajo, se les ocurrió lanzarse en tromba contra un sillón infantil -en más de una ocasión temí que sus cabecitas se estamparan contra la pared-, a ver quién llegaba el primero y cómo conseguían encajar los tres en tan pequeño espacio. En ese momento, se me iluminó la bombilla y corrí a por la cámara.

¡Ay, ay, ay, que se van a cansar de jugar a esto y yo sin haber quitado la tapa del objetivo!. ¡Rápido, rápido!, configura la cámara: enfoque automático, el flash para ojos rojos, ¿qué más?, ¡buf, qué estrés!, ¡ah, sí! el disparo en modo semiautmático para no estropear las pocas tomas que pueda hacer. ¡Venga, ya está, todo listo y ellos siguen jugando! Me pongo la cámara en el ojo y disparo. Pero, ¿qué es esto que ha salido? ¿Por qué el flash no ha saltado más rápidamente? Reviso el flash, lo reconfiguro y a por otra foto. ¿Otra vez igual? ¡A tomar por saco!, pongo el flash como toda la vida, rebajando un poco la potencia para que no queden sus caras totalmente quemadas (muy blancas) y ellos ciegos por el “flashazo”. ¡Bien, esta captura ya está mejor! Aprovecho el poco tiempo que me queda, otra foto y otra y otra. Estoy como con los famosos: “mira aquí, espera, ponte más atrás, júntate a …”. Al final, logro salvar unas fotillos en las que se les ven las caras bien, sonrientes y felices, antes de que decidan que la sesión fotográfica ya ha concluido.

Domingo por la tarde, reviso las fotos, siete en total. Las dos primeras son raras, confusas, extrañas, el resto son más normales, comunes. ¿Elijo una de estas fotos como portada del post?. Si, no, si, no. Deshojo la margarita y, finalmente sale “no”. Me hubiera gustado poder mostrar una foto de esa serie, pero las “confusas” son demasiado …, pues eso, confusas y las comunes, demasiado comunes.

Suerte que al principio de semana estuve practicando con la cámara algunos conceptos fotográficos, como son el enfoque manual, el enfoque selectivo, la profundidad de campo. Reviso los resultados y, sí, me agradan. Parece que el ajedrez que compramos en Egipto, hace ya casi seis años, empieza a dar sus frutos, y no precisamente por lo que jugamos.

En esta imagen, se puede apreciar cómo el foco de la fotografía está fijado en el tercer peón, empezando por la izquierda. La focal utilizada, 45mm, el diafragma abierto, f/5,3 y, sobre todo, la cercanía al objeto fotografiado hacen que se consiga una clara profundidad de campo, quedando completamente nítidos un único peón (el tercero por la izquierda) y el alfil que se encuentra detrás de él, el cual está a la misma distancia del objetivo que el propio peón. Asimismo, se ha conseguido un bokeh, o desenfoque, más acentuado cuanto más se alejan las piezas del foco central, incluyendo las que se encuentran tras él.
Quizás esta foto sea el inicio de una “serie fotográfica de estudio”, lo pongo entre comillas porque el estudio será el salón de mi casa y tampoco es que ande muy sobrado de medios. Por otro lado, tendré que practicar con esas fantásticas lentes de aproximación que me trajeron los reyes magos. Sin olvidar que el tiempo me obliga a ello. El tiempo libre que tengo, que últimamente es escaso para la práctica de la fotografía y; el tiempo meteorológico, que no permite estar en la calle mucho rato, porque las temperaturas empiezan a ser muy bajas a última hora de la tarde.

Muchas gracias a todos y hasta la semana que viene.

Titulo: “Ajedrez preparado

Pd.- ¿Queréis saber qué foto se ha quedado fuera? Sé que algunos ya lo sabéis porque os lo he dicho, lo habéis visto en la propia exposición, o en el “caralibro” (facebook para los iniciados). Venga, animáos e id escribiendo vuestras opciones en los comentarios del post y, dentro de unos días os daré la respuesta. Lo que tengo clarísimo es que la próxima vez que me presente a un concurso, le haré más caso a mi “editora jefe”, porque tiene buen ojo a la hora de seleccionar las fotografías y, visto lo visto, tenía que haber entregado al concurso las fotos que ella inicialmente eligió, en lugar de las que yo finalmente escogí, basándome más en detalles técnicos y, no tanto en el contenido de la propia fotografía. Bueno, al final sólo discrepamos en una foto, la tercera en cuestión, pero si la hubiera hecho caso …, qui lo ça.

La exposición, por si alguno se quiere pasar, es en el centro cultural Anabel Segura de Alcobendas, junto al Diversia y, acaba el próximo domingo 22 de enero.

¿Alguno es consciente de lo cara que es la fotografía? Por si no lo sabéis o no os hacéis una idea, os diré que es una afición casi ruinosa. Los cuerpos de las cámaras no son baratos y, los objetivos no digamos. Si a eso le vamos uniendo que si un filtro por aquí, que un flash externo por allá, que si patatín, que si patatán, al final, el dinero invertido es casi escandaloso. Por ese motivo, y por la grave crisis económica y financiera que estamos viviendo, me he visto “forzado” a introducir en el blog un “extra” al final de cada página. Sí, lo sé, me he vendido al capitalismo más cruel y despiadado, como me decía Miguel Ángel en un comentario en el post de la “Semana 11”.

Lo he puesto abajo del todo intentando que ni moleste ni distraiga. Ya lo sé, lo importante en estos casos es que se vea rápidamente y llamen la atención, pero como no es ese mi propósito principal, prefiero colocarlo donde aparece ahora y, que lo vea quién quiera o quién llegue hasta allí. No obstante, si alguno de vosotros, tras leer todas estas parrafadas que os suelto, quiere pegarle un chute al reclamo de la empresa privada que aparezca en cada momento (máximo uno al día, nada de abusar porque sino lo eliminan), éste será muy bien recibido y supondrá unos centimillos -no os penséis que dan cientos de euros, todo lo contrario- que al cabo de un par de años o tres (según mis cuentas, y no es ninguna broma), quizás se conviertan en un objetivo de los denominados “pata negra”.

No sé cuánto tiempo lo mantendré, quizás un día me canse y lo quite igual de rápido que lo he puesto, pero como creo que no estorba, de momento, ahí lo dejo. Si alguno se ofende al verlo, que me lo diga abiertamente.

Datos EXIF
ISO: 400
Apertura: f/5,3
Velocidad:1/800
Distancia focal: 45 mm

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