La niña bonita, que dirían en el bingo al cantar el número del post de esta semana. Y otra semana más con foto de estudio, es decir, en el salón de mi casa.

Ya me he quedado a gusto, o casi. Ya he conseguido sacar un primer plano del ojo de mi hijo. La foto que puse hace unas semanas fue una mera aproximación, que únicamente me sirvió para querer, con más ganas si cabe, hacer una foto de este tipo. Y no había más que comprar una cosilla y ¡ya está!.

Miguel Ángel, seguidor y asiduo comentarista de este blog, me dio la pista enviándome por email una foto similar del ojo de su hijo. Tras los apuntes técnicos de cómo la había realizado él, no tenía más que buscar el momento para reproducirla yo mismo.

Pensaréis que es fácil una foto de este estilo. Pues permitidme que me ría un poco, jajaja, o tururú, como decía mi padre.

Ponéos en situación. Un niño de tres años y medio al que le pides que se siente en una silla y se esté muy quieto, mientras su padre, cámara en mano, se acerca a unos 10 centímetros de su ojo. Cuando no movía la cabeza para alejarse de la cámara, la movía para poder ver mejor la tele -método de distracción elegido por el padre, o sea, por mi, para intentar que estuviera inmóvil-, y cuando no, lo que quería era ver el resultado.

Venga, pues a cambiar de localización. En lugar de una silla, mejor el sofá, que así puede tener la cabeza apoyada. Tampoco. Sigue moviendo la cabeza y, me resulta más complicado colocar el trípode a una distancia tan cercana en esta nueva localización. Y para más inri, cuando consigo que esté un par de segundos totalmente quieto, empiezo a enfocar a la pupila y, ¿qué sucede? pues qué va a suceder, que empieza a mover el ojo de un lado a otro, con lo que conseguir un enfoque (manual, nada de automático) perfecto es una odisea. Así que, si detectáis fallos de enfoque, que los hay o habrá, no lo achaquéis a lo malo que pueda ser el fotógrafo, vale a eso también, sino a lo complicadísimo que me resultó esta sesión fotográfica. ¡Y yo que me las prometía tan felices! Para que luego digan que la fotografía es fácil, no os imagináis cómo me tenía que colocar para coger bien su ojo, que si más abajo, que si más arriba, que si a la derecha, que si haciendo un tirabuzón con medio mortal hacia delante, …

Por cierto, creo que ya ha recuperado por completo la visión en ese ojo, porque a pesar de que puse el flash a la mínima potencia permitida, no le hice una única foto, sino que le hice más bien unas 20 ó 25. En mi descargo, os diré que después de cada foto, le preguntaba si le molestaba el flash, pero lo único que quería era poder ver la televisión sin nada que se interpusiera entre la pantalla y él. En alguna ocasión, en lugar de contestarme sí o no, lo que me decía era: “papá, ¿has acabado ya?” Y yo: “una más, Hugo, sólo una más”.

Si os fijáis en los datos EXIF, veréis que he utilizado mi objetivo 50mm 1.8 fijo. Una maravilla de objetivo. No tiene motor de enfoque, por lo que tengo que ser yo con mis ojos miopes quién logre el foco perfecto en la fotografía. En estas sesiones de estudio me estoy hartando a usarle y, con cada foto que saco, estoy más contento de este regalo.

¡Ah! No he utilizado Photoshop para realzar el azul del ojo. Los que conocéis a Hugo, sabréis que sus ojos no son tan azulados, pero a esta foto, le he dado los retoques que le hago a todas, un poco de brillo por aquí, un poco de contraste por allá, … Y, de todas formas, ¿no le quitan las arrugas a la Preysler?

Una última cosa. La publicidad. Ya no está. Ya os dije hace un par de semana que, igual que la ponía, la quitaría. Aunque en este caso, no ha sido por voluntad propia. Ha sido Google quién ha decidido cerrar el grifo, porque ha detectado “clicks inválidos”.

Muchas gracias a todos y hasta la semana que viene.

Titulo: “Mirada limpia

Datos EXIF
ISO: 100
Apertura: f/1,8
Velocidad:1/160
Distancia focal: 50 mm

Licencia Creative Commons

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