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Este fin de semana, junto con mis primos, Nicoletta, Marcos y Mauro y mi familia, me he alejado del mundanal ruido y de los “estreses” de la ciudad y de la rutina diaria. Dejándonos aconsejar por mis primos, los seis, nos vamos de Alcobendas buscando el aire limpio y sano de la sierra madrileña. Objetivo del blog de esta semana: Madarcos.

Madarcos es un pequeño pueblo, a escasos 95 km. de Madrid, situado en la Sierra Norte de la comunidad madrileña, casi a los pies de Somosierra. Digo que es un pueblo pequeño porque apenas cuenta con 54 vecinos empadronados, de hecho, es el pueblo de la Comunidad de Madrid con menos habitantes, y sus calles se recorren en pocos minutos. Cierto es que, los fines de semana y periodos vacacionales su población aumenta por las personas del pueblo que han emigrado a localidades con mayores posibilidades de empleo o, con personas que se han enamorado del mismo y han hecho de él su segunda residencia.

Estos datos por sí solos no son ninguna novedad y, mucho menos para mi, puesto que mis pueblos adoptivos, es decir, los de mis padres, Navares de Ayuso (Segovia) y Sandoval de la Reina (Burgos), tienen caracterísicas muy similares en cuanto a ocupación demográfica se refiere, aunque quizás no tanto en cuanto a superficie, pero que, en general, cuentan con un número similar de personas, de calles y de edificios.

A mi modo de ver, lo que realmente diferencia a Madarcos de otras localidades en semejantes condiciones son sus ganas de revitalizar el pueblo y de hacer de él y en él algo singular.

Cuando llegas al pueblo, te das cuenta de la uniformidad que rige en sus edificaciones, estando casi todas construidas con la típica piedra de la zona, lo que le da ya un punto y un encanto entrañable. ¡Vale. vale!, esto no es aspecto único en el mundo.

Nada más bajarse del coche, el recien llegado se percata de que las papeleras, elementos tan corrientes y comunes en la arquitectura urbana, no son las que uno podría esperar ver en una pequeña localidad como esta, sino que tienen un cuidado diseño, fabricadas en hierro oxidado. Y, conforme se camina por sus calles, se observa que los carteles informativos, que nos guían hacia sus edificios más destacados y, por las diferentes rutas que desde el pueblo nacen, también han sido desarrollados con el mismo material y, siempre siguiendo la misma idea, para no romper la cuidada imagen que se pretende conseguir. ¡Vale, vale!, puede que unas simples papeleras y unos carteles no sean elementos que por sí solos hagan de Madarcos un lugar llamativo.

Por la noche, el visitante descubre otra interesante peculiaridad. En esta ocasión, el protagonista es la iluminación de las calles. No tenemos las típicas farolas que contienen en su interior unas bombillas o fluorescentes. Aquí, cada farola agrupa una serie de leds, que, además de conseguir una iluminación perfecta para la vía, ahorran energía y, reducen al máximo la contaminación lumínica; problema muy común en la mayoría de las poblaciones -grandes, medianas o pequeñas-, en las que emisiones de luz se escapan hacia el cielo provocando el aumento del brillo del cielo nocturno, lo que impide la visibilidad de estrellas y, que se consiga una verdadera “noche oscura”.

A pesar de lo reducido de su superficie urbana, dispone de un grupo arquitectónico formado por el Ayuntamiento, el Centro de Salud y la Sala Polivalente que, en 1998, fue galardonado con el “Premio a la Calidad de Arquitectura y Vivienda de la Comunidad de Madrid”, por su estética, modernidad y perfecta integración de su arquitectura en el entorno rural. Sumémosle la reciente construcción de un nuevo edificio dotacional de alta eficiencia energética, el cual está a punto de ser inaugurado. ¿Un pueblo de 54 habitantes empadronados con ese despliegue arquitectónico? Creo que esto empieza a ser peculiar, ¿no?.

Siguiendo con el aspecto urbanístico, no he encontrado el dato de cuántas casas tiene el municipio, pero haceos una idea por el número de sus habitantes. Si os digo que cinco de esas viviendas están destinadas al alojamiento rural, ¿os parecen pocas o muchas? A mi me parecen muchas; pueblos más grandes y con más renombre, en proporción no tienen tantas. Todas ellas son de gestión municipal, por lo que sus ingresos -y gastos- repercuten directamente en las arcas públicas. Buena idea, si se quiere tener otra fuente de ingresos, diferente a los impuestos tradicionales.

Una persona que llegue a Madarcos por primera vez, como ha sido mi caso, por lo general, se desplazará hasta allí con la idea de pasear por sus caminos de tierra y buscando tranquilidad, alejándose del ajetreo de la ciudad. Todo eso lo encuentra, naturalmente, al igual que en tantos otros pueblos de la geografía española, pero lo que no se espera es que casi cada fin de semana del año, sin importar festividades o santorales, la corporación municipal y la asociación de amigos y vecinos del pueblo organicen distintas actividades para sus paisanos y, para todo aquel que hasta allí se quiera acercar.

Este fin de semana y, con motivo del carnaval, el sábado organizaron la “Vaquilla del carnaval”, una tradición que se está intentando recuperar desde hace tres años y consistente en vestir, por la mañana, dos “vaquillas” que, durante la tarde recorrerán el pueblo intentando pillar a todo aquel que por sus calles se encuentre.

Y, mientras unas personas se encargan de vestir a las vaquillas, los más pequeños se emplean a fondo pintando directamente con sus manos a la sardina que por la noche será quemada, mientras se degustan buñuelos, lomo, panceta, … y regado con la “sangre de la vaca” -lo que viene siendo sangría-. Y, esto es sólo una muestra, porque visitando su página web, para los dos próximos fines de semana ya tienen más actividades preparadas y, por lo que nos han contado, lo normal es que siempre se organice algo.

La amabilidad de la gente hace que los efímeros turistas se sientan – nos sintamos-, durante la estancia en el pueblo, integrados en las actividades organizadas, dejando colaborar a cada uno en todo lo que allí acontece, desde pintar la sardina (que se lo digan a los abrigos de los pequeños), hasta llevar las vaquillas por la tarde, sin olvidar el participar en la merienda vespertina.

Será porque he viajado poco, pero me ha parecido interesante todo lo que en Madarcos he encontrado, no por el hecho en sí de lo que he visto y vivido, sino por haberlo encontrado en un lugar pequeño y limitado. Limitado en aspectos como el demográfico o, el geográfico, quizás, también el financiero, como tantos y tantos pueblos en estos días, pero que aún así, no se conforma con lo que le ha tocado y, se resiste a su suerte, aportando imaginación y capacidad para conseguir esos recursos que les permiten lograr todo lo que hasta ahora tienen.

Me ha agradado ver cómo su gente trabaja por revitalizar su pueblo semana a semana, recuperando tradiciones, innovando, intentando atraer a su gente y, a la que no lo es, de manera que el municipio no desaparezca o se quede como un viejo recuerdo en la memoria de los más mayores.

Hasta la fecha, no recuerdo haber repetido ninguno de mis destinos viajero-turísticos, pero Madarcos puede ser la excepción a esta “regla”.

Muchas gracias a todos y hasta la semana que viene.

Titulo: “La vaquilla

Nueva web, nueva locura en la que me embarco. Con más fotografías y, las que están por llegar. Todo integrado en una única dirección. Espero que os guste su diseño, su distribución, que os sea cómoda y, que me sigáis leyendo, sigáis comentando las entradas, sigáis contribuyendo con vuestras críticas, tal y como lo habéis hecho durante las semanas anteriores.

Datos EXIF
ISO: 400
Apertura: f/8
Velocidad:1/80
Distancia focal: 31 mm

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