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Supongo que al ver la foto de esta semana, incluso en la miniatura, habréis adivinado qué monumento es, incluso no siendo de Madrid, es probable que alguna vez hayáis visto una foto similar.

El templo de Debod es un templo del antiguo Egipto, regalado por este país en agradecimiento a la ayuda española prestada en la recuperación de Abu Simbel. Podría seguir escribiendo sobre la historia de este templo y, bla bla bla, pero para eso lo mejor es que os dirijáis al artículo correspondiente de la Wikipedia.

Como os he comentado, seguro que esta imagen os suena por haberla visto en diferentes de sitios y, para aquellos mal pensados, les diré que la fotografía la he hecho yo, a pesar de ser igualita a muchas de las que por la web se pueden encontrar.

A mi modo de ver y, naturalmente, sin ser un experto en fotografía, esta fotografía no tiene más mérito que el de componer, enfocar y darle el tiempo suficiente para que la exposición de la imagen sea la deseada, ¡vaya, pues resulta que es lo que hay que hacer en todas las fotos! En fin, quiero decir que, aquí hay poco jugo que extraer, el templo de Debod es lo que es. Se pueden buscar composiciones diferentes, pero la esencia es la que veis.

El pasado sábado, quedé con mi compañero de trabajo, Lorenzo, para que estrenara su flamante y recién comprado objetivo. Y como yo nunca había estado en esta parte de Madrid, se me ocurrió esta localización para realizar nuestra Kdd (quedada) fotográfica.

Como iba con tiempo suficiente y, la temperatura y el tiempo acompañaban, aproveché el inicio de la tarde para pasear por Madrid y, en lugar de dirigirme directamente al punto de encuentro, la plaza de Santo Domingo, decidí empezar mi sesión fotográfica en Atocha. Desde ahí, subí al Museo del Prado, visité (por fuera) los Jerónimos y, paso a paso, por la calle Alcalá llegué hasta la Puerta del Sol, donde me esperaba una manifestación de trabajadores de Spanair.

Me gusta la fotografía urbana y callejera, así que pensé que esa manifestación podría ser una buena oportunidad para fotografiar a las personas que allí estaban. Pero la timidez todavía me puede y, únicamente pude sacar dos fotografías, puesto que las miradas de la gente me intimidaban y no quería que nadie me echara nada en cara, cosa que por otra parte, y pensándolo fríamente, no creo que hubiera sucedido, pero ¡ay, dichosa timidez!.

Mientras subía por la calle Preciados, aproveché el barullo de personas que por allí pasaban para hacerles alguna que otra foto, pero mucho tengo que mejorar en esta temática para poder sacar más partido de ella.

Una vez en el Parque del Oeste, que es donde se encuentra el templo, dimos una vuelta tranquilamente reconociendo el lugar. Desde allí hay unas vistas preciosas de la Casa de Campo, el Palacio Real, la Almudena y San Francisco el Grande.

Realizadas las primeras tomas de contacto y, disparada la cámara unas pocas veces para ir calentando el dedo, nos decidimos a desplegar los trípodes. Empezamos la verdadera rueda de reconocimiento del lugar, probando varias localizaciones desde las que capturar buenas imágenes. Todavía queda una hora para la puesta de sol y, por consiguiente, la hora azul, pero ya que tenemos tiempo, aprovechamos para probar todos los sitios posibles. Cada pocos minutos, reencuadramos, medimos la exposición, hacemos la fotografía, vemos los resultados y volvemos a empezar.

Estamos en el parque de oeste, y ¿eso qué significa?, pues que el sol se va a poner a la espalda del templo. Este aspecto nos hace dudar del sitio elegido y, durante unos minutos divagamos sobre por dónde se ocultará el sol. Finalmente, decidimos que el lado izquierdo es el más idóneo y ahí plantamos los trípodes de manera “definitiva”.

A pesar de no estar precisamente en el centro de la capital, hay gran multitud de turistas que hasta este parque se acercan para conocerlo y, nadie se va de allí sin hacer una foto. Pero no sólo turistas, aficionados a la fotografía, como nosotros, van apareciendo como setas conforme avanza la tarde y, cuando nos queremos dar cuenta, nos vemos rodeados de trípodes y más trípodes. La hora azul es muy atrayente y el sitio no defrauda.

Mientras esperamos a la puesta de sol, vemos cómo un grupo de jóvenes organiza una gymkana o una carrera de bicicletas o ambas cosas a la vez. Vemos cómo algunas personas se desesperan porque sus fotos han salido oscuras, sin darse cuenta de que el sol está a su espalda y que con la cámara del móvil poco pueden hacer. Vemos cómo un señor nos reclama que pongamos esas fotos en Internet para que se dé a conocer el sitio, ¡pues yo ya lo he hecho, señor mío!. Conocemos a un aficionado a la fotografía que va acompañado de su esposa e hija, las cuales aguardan pacientemente, mientras él realiza todas las tomas que considera necesarias. En definitiva, durante una hora y pico que estamos esperando, hay muchos chascarrillos sobre los que comentar.

Las 19:10, hora prevista para la puesta de sol. Todos preparados, las cámaras en sus trípodes, las luces del templo se empiezan a encender y el azul del cielo empieza a reflejarse con más vigor en el agua que lo rodea. Los tiempos de exposición se alargan y, con ello se consigue que el reflejo sea más nítido.

Tras unas cuantas fotografías tomadas desde el lado izquierdo decidimos coger todo el equipo y mudarnos al lado opuesto. El azul es ya muy intenso y hay que aprovechar los escasos minutos que quedan antes de que la oscuridad nos cubra por completo.

Pocos minutos después, decidimos que la tarde fotográfica ha finalizado y, volvemos sobre nuestros pasos hasta la Puerta del Sol, donde tras tomar una cerveza, que nos reconforta el cuerpo y el espíritu, nos despedimos hasta el próximo lunes, cuando Transhotel nos acogerá con los brazos abiertos.

Muchas gracias a todos y hasta la semana que viene.

Título: “El templo de Debod”.

Datos EXIF
ISO: 100
Apertura: f/11
Velocidad: 3
Distancia focal: 28mm

Licencia Creative Commons

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