Nuestros amigos, Raúl y Mari Jose, nos han invitado a pasar el fin de semana en su casa de Collado Mediano. Era una invitación que no podíamos rechazar. Con las semanas tan perras y duras que llevo en el trabajo, el mero hecho de salir de Alcobendas lo veía como algo impresionante y maravilloso -con tan poco me conformo últimamente-.

Y el fin de semana ha sido tal y como nos lo esperábamos: relajado, en buena compañía, agradables conversaciones, disfrutando de los niños, respirando aire limpio, … Han sido unos días que nos han servido para desestresarnos, olvidar las penas y recargar las pilas, que estaban llegando ya a unos niveles preocupantes.

Tras otra semana en la que tampoco había podido coger la cámara, se me volvía a presentar una buena oportunidad para fotografiar algo distinto a lo que habitualmente me rodea. Desde que decidimos pasar el fin de semana en Collado, mi mente estuvo repasando la zona e imaginando diferentes lugares y diferentes tomas que podría hacer. Tenía varias opciones en la cabeza y, entre todas ellas, las que más me atraían eran: una foto paisajística, si era posible desde el alto de Navacerrada; una foto nocturna de un tren circulando o; una foto de larga exposición captando el movimiento de las estrellas.

La última de esas tres opciones la abandono rápido, porque el fin de semana se había vuelto fresco y, estar en plena noche haciendo una foto de 5, 10 ó más minutos a las estrellas podía suponerme coger un constipado del carajo.

Me decido por la foto del tren, que se está convirtiendo en casi una obsesión y que algún día conseguiré poner en este blog. Junto a la casa de nuestros amigos, pasa la vía del tren de cercanías y un puente cercano es un buen sitio, porque, además, está en curva, con lo que el efecto de las luces puede ser más interesante. Tomo nota de los horarios de paso para poder preparar la toma con tiempo.

Sin embargo, cuando me quiero dar cuenta es casi la hora. Conforme Raúl y yo nos acercamos al puente, oimos que el tren se acerca. Sin dejar de andar, saco el trípode y extiendo sus patas. Consigo poner la zapata en la cámara y, montar todo el equipo. El tren ya está entrando en la curva. Rápidamente, configuro la cámara y, cuando le veo acercarse, aprieto el disparador. Pero, la falta de una luz clara hace que la cámara no sea capaz de enfocar por sí sóla, por lo que el tren se nos va y con él, la oportunidad del viernes. Ya que estamos en el puente, analizamos el mejor lugar para que el sábado no perdamos tiempo buscando la mejor posición.

El sábado por la mañana decidimos subir al puerto de Navacerrada. No es mala opción, llevarse la cámara y fotografiar la zona, con su escasa nieve -ridícula nieve-, Peñalara, los pinos de Valsaín, … Conforme nos acercamos a la cima, la temperatura exterior empieza a bajar rápidamente y, al aparcar el coche, el termómetro marca 4º. ¡Bien y nosotros como domingueros sin la ropa adecuada! Los niños se quejan de frío y, como padres responsables que somos decidimos irnos lo más rápidamente posible.

Bajamos hasta el pueblo de Navacerrada y vamos dando un paseo hasta el embalse. Allí nos tiramos un buen rato jugando e intentando enseñar a los niños a lanzar un frisby. La cámara me acompaña y aprovecho para fotografiar a los almendros en flor y las montañas que nos rodean. El cielo tiene buenas nubes para intentar un HDR, así que saco algunas fotografías del lugar.

Por la tarde, de vuelta a casa salgo dando un paseo a lo largo de las vías del tren y encuentro un lugar fantástico, sin vallas, ni elementos que estorben, con una vista limpia y despejada. El único “incoveniente” es que hay que cruzar las vías del tren, pero como pasan cada media hora, el problema es menor. Decidido, esa misma tarde-noche me acercaré allí con tiempo para tenerlo todo preparado y listo.

Cuando se acerca la hora, Raúl y yo salimos con todo el equipo, incluida una linterna, no sólo para saber dónde pisamos, sino para que posteriormente me ayude a preparar el enfoque. Cruzamos la vía y, sacamos el trípode. Cuando lo tengo extendido y estoy montando la cámara, Mari Jose nos llama para comunicarnos que una de sus hijas tiene mucha fiebre y placas en la garganta. Sin prisa, pero sin pausa, recogemos todo el material y emprendemos el camino de vuelta, sin ni siquiera haber apretado el botón de disparo.

Conforme nos acercamos al pueblo, las luces de un coche nos apuntan directamente, sin intención de moverse. Bromeamos con que pueda ser la policía, pero cuando estamos casi a su altura, resulta que la broma se convierte en realidad. Algún vecino ha debido avisar de que dos “gamberros” andaban cerca de las vías y allí se personó la local para comprobarlo.

Les explicamos que queremos hacer una foto al tren mientras pasa, pero que se nos ha frustrado porque hay que llevar a Irene a urgencias. Se quedan sorprendidos, porque no debían esperarse ni lo de la foto, ni lo de ir a urgencias. Nos indican cuál es el hospital de urgencias más cercano y nos piden la documentación. Yo la tengo en casa, así que voy corriendo a por ella, mientras Raúl se queda dando los datos. Cuando regreso al lugar de los hechos, Raúl ya está de vuelta a casa. Un pequeño susto que no pasa de ahí.

Hoy es día de publicar la foto del blog. Reviso todas las que he hecho y como no quiero poner ninguna personal, decido hacer un HDR con las fotografías del pantano y, en el cual se puede ver el poco agua que contiene y lo seco que está el campo, a pesar de estar a las puertas de la primavera. No quiero ni pensar en el verano que nos espera.

Muchas gracias a todos y hasta la semana que viene.

Pd.- Irene pasó un par de días con fiebre, pero parece que el antibiótico ya está surgiendo efecto.

Título: “La sequía que nos espera”.

Datos EXIF
ISO: 100
Apertura: f/11
Velocidad: 1/250
Distancia focal: 30mm

Licencia Creative Commons

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