El Centro de naturaleza Cañada Real se encuentra en la localidad de Peralejo, una pedanía perteneciente al municipio de El Escorial. Enclavado al pie de la sierra del Guadarrama, es un lugar dedicado al estudio de la flora y fauna ibérica, además de sensibilizar y concienciar a todas las personas, que hasta allí se acercan, de la necesidad de respetar y proteger el medio ambiente.

Pero no sólo eso, también es un entorno destinado al cuidado y la recuperación de animales. Especies requisadas por el Seprona a titulares privados que las mantenían y utilizaban indebidamente en sus propiedades -me viene a la cabeza el caso de los hurones empleados para la caza de conejos, una práctica prohibida desde hace tiempo-. O especies que han visto mermada su capacidad física para subsistir en su hábitat por medios propios, siendo las aves rapaces el ejemplo más claro, las cuales han sufrido amputaciones parciales o totales de sus alas debido a disparos de cazadores.

Algunos de estos animales, al cabo del tiempo, pueden ser reintroducidos en su medio natural, mientras que, otros deben permanecer en el centro debido a que sus graves lesiones no aseguran su supervivencia fuera del recinto.

Ya os he puesto en antecedentes del lugar en el que se han realizado las fotos que acompañan al post de esta semana.

El ayuntamiento de Alcobendas, dentro de su programa de actividades en familia, tenía planificada una salida a este centro y, dado que a mi hijo Hugo le gustan, o mejor dicho le apasionan, los animales, era una ocasión que no podíamos desaprovechar. Junto con nuestros primos, Mauro, Nico y Marcos, nos montamos en el autobús y, hasta Peralejo nos fuimos, como cuando éramos jóvenes y en el cole nos llevaban de excursión (sólo faltó cantar “Precaución, amigo conductor”). En este punto, he de decir que cualquier persona se puede acercar hasta allí de manera particular, no necesariamente debe hacerlo a través de un grupo organizado.

Nos asignaron un guía, Hugo (no mi hijo), y con él fuimos recorriendo la senda que conduce los pasos de los visitantes de unos ejemplares a otros. Con él fuimos descubriendo y aprendiendo los hábitos, costumbres y curiosidades de cada especie, así como los motivos que les habían llevado hasta el centro.

Entre la proximidad de los animales y los comentarios recibidos se conseguía que los niños, en su mayoría, estuvieran atentos a cada habitáculo, no perdiendo de vista ni un instante al animal que en cada momento estábamos observando, incluso algunos se atrevían a responder, con la ingenuidad que tienen los niños, a las preguntas que el guía les iba formulando.

A pesar de las semanas de viento y lluvia que, en Madrid, estábamos teniendo, el día de la visita, la meteorología acompañó, dejándose ver un tímido, pero más que agradable, sol entre las nubes que pasaban por delante suya sin intención de descargar sus gotas de agua.

La visita duró unas 2 horas y media, pero eran los mayores los que parecían más faltos de fuerzas, porque a los pequeños no había quién les parara, si por ellos hubiera sido, habríamos recorrido la senda entera de nuevo. No obstante, era hora de terminar la visita. Sólo quedaba reponer fuerzas zampando unos bocadillos y una tortilla de patata. En el camino de regreso tampoco se le cantó al “autobusero”, aunque en esta ocasión fuera porque el sueño de la siesta pudo con la mayoría de los pasajeros.

En cuanto a las fotografías, yo me dediqué a disparar a todo lo que se movía y, a lo que no se movía también. Algunos animales han salido mejor que otros. Por ejemplo, fotografiar a los linces me resultó complicado porque no estaban quietos y no lograba enfocarles bien. Y los lobos no estuvieron todo lo cercanos que me hubiera gustado, pero en general, fue una jornada muy productiva.

Por otra parte, me sirvió para practicar el enfoque manual, que tan poco trabajo. Estos ojos miopes míos consiguen que inconscientemente no me fíe de ellos y acabe decantándome por el enfoque automático.

Sin embargo, me encontré con situaciones donde tuve que desplazar la pestaña del objetivo hacia el enfoque manual, si lo que quería era obtener buenas tomas de animales que, por estar tras cristales o vallas, con el enfoque automático no se conseguían. Fueron casos como los de los hurones -por los cristales-, o las aves rapaces -por las vallas-. En esos casos, no me quedó que sacar a relucir mis “habilidades enfocadoras”. Con los linces, por su movimiento, también lo intenté, pero está claro que debo practicar más.

Y, para finalizar, os contaré una curiosidad que a la mayoría nos hizo gracia: la jaula del zorro está junto a la de las gallinas. De todas formas, no pareció que el zorro estuviera muy interesado en ellas, ni éstas muy preocupadas por su presencia, es lo que tiene estar bien alimentado.

Muchas gracias a todos y hasta la semana que viene.

Título: “Milano bonito”.

Datos EXIF
ISO: 200
Apertura: f/8
Velocidad: 1/125
Distancia focal: 300mm

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