Hugo, mi hijo, ha cumplido cuatro años. ¡Cuatro, ya!. Y parece que fue ayer cuando le tenía en mi brazo izquierdo, pequeñito, frágil, mientras con el derecho intentaba darle un biberón. Yo, que nunca había tenido un bebé en brazos, de repente, me veía cogiendo a un recién nacido, de dos kilitos escasos, al que tenía que darle de beber un poco de leche, con apenas 15 minutos de vida. Me faltaban manos, me faltaban brazos, me faltaba de todo, menos felicidad, de eso tenía para dar y tomar.

Cuatro años menos un día después, y no, no es una condena, nos juntamos una buena pandilla para celebrarlo e, intentar pasar el sofocante calor de julio de una manera distinta. Padres, abueos, tíos, primos, amigos, acudieron para jugar con Hugo y, hacerle pasar un día maravilloso. Su “fiesta de no cumpleaños”, como él la había denominado, era su mayor ilusión durante la semana previa y, no veía el momento en el que iba a llegar.

En ningún momento, paró de reir, correr, saltar, jugar, mojarse, divertirse, disfrutar y, todo gracias a la compañía, porque si ellos, sin vosotros, no habría sido posible. Gracias de corazón por acompañarnos, por acompañarle en un día tan especial, gracias por hacerle pasar unas horas tan buenas, gracias por esos regalos que tantísima ilusión le han hecho, bueno, a él y a su primo Siro, porque se podría decir que era el más emocionado cada vez que se habría un paquete nuevo.

Creo que, en general, todos nos lo pasamos bastante bien, al menos eso esperamos tanto su madre como yo. La idea es que todos disfrutáramos de una tarde de risas entre amigos y familiares, ocasiones que cada vez son menos frecuentes, por desgracia. En especial, por los niños, que creo que se lo pasaron pipa y, eso es muy importante, sobre todo con los globos de agua (ahora estoy con los dedos cruzados para que ninguno de ellos se haya constipado). Más de uno se llevó un refrescón y, sino que se lo digan a Carla e Irene que se llevaron ellas solitas, casi un cubo entero de agua.

Sé que, a alguno de los que estáis leyendo este post ahora, os hubiera gustado estar, pero que por unas circunstancias u otras no fue posible. Pues para vosotros, también gracias, porque de alguna manera también nos acompañasteis.

La verdad es que las fotos no son una maravilla. Para ser el cumpleaños de mi hijo debería haberme esforzado un poco más, pero hacer de reportero mientras juegas, controlas y, te diviertes es complicadillo -al menos, para mi-. Viendo el resultado me doy cuenta de que algunas fotos se han echado a perder por no configurar la cámara correctamente. Errores de novato que tendré que ir puliendo para el año que viene.

Os dejo una de las dos fotos de grupo que hicimos para inmortalizar el día que pasamos juntos. Lo ideal habría sido una foto de Hugo soplando la vela, pero para una que le conseguí sacar, ha salido movida. Lo siento, el que es torpe, es torpe. Cierto es que, podría haberme colocado en un lugar preferencial para no perderme tan magno momento, pero para mi era más importante que todo el mundo, sobre todos los niños, estuvieran a gusto, antes que ponerme enmedio y no dejarles disfrutar del momento de apagar todos juntos la vela.

Muchas gracias a todos y hasta la semana que viene.

Título: “Cuatro añazos”.

Datos EXIF
ISO: 100
Apertura: f/3,2
Velocidad: 1/80
Distancia focal: 26mm

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