Sábado en el Parque de Atracciones de Madrid. Sábado al completo, porque llegamos a la Casa de Campo con bastante anticipación a la apertura de las taquillas y, nos fuimos a casa a una hora bastante elevada, sobre todo, teniendo en cuenta que los niños llevaban mucho tute encima, con tanta emoción, diversión, carreras y demás.

MJ, Raúl, Carla, Irene, Rosa, Hugo y, yo decidimos pasar un caluroso sábado de julio en un lugar tan típico como es el Parque de Atracciones, lugar al que, yo personalmente, hacía unos 10 ó 12 años que no iba. Y ha cambiado mucho, ¡vaya si ha cambiado!

En primer lugar, está el tema del precio de las entradas. Ya no existe la entrada de “paseo”, con la opción de comprar la pulsera o tickets para montarse en los sitios. Ahora, pagas 30 euritos por barba -los niños 24€- y te puedes montar en todo. ¡Jajaja! Montar en todo, ¡qué graciosos que son! Evidentemente, las atracciones más emocionantes tienen colas cuasi eternas, lo que reduce considerablemente el número de sitios en los que te puedes subir.

En cualquier caso, nosotros íbamos con la idea de que los niños pasaran un día diferente y, que se lo pasaran en grande montando en alguna atracción. Y lo cierto es que, ellos aprovecharon al máximo el precio de la entrada -que todo sea dicho, ese fin de semana teníamos un descuento de casi el 50% por residir en Alcobendas-, porque se montaron en todos los sitios donde se podían subir y, no repitieron en alguno de ellos, no por falta de ganas, sino por falta de tiempo. Es de agradecer que las colas para acceder a las atracciones infantiles no estuvieran tan masificadas, porque la espera para la chavalería es insoportable e incomprensible. Sin embargo, tuvimos una grandísima suerte, de manera que los tiempos de espera nunca fueron excesivos, hasta el punto de que los niños se llegaran a desesperar.

En cuanto a los adultos, ese es otro cantar, porque quitando las sillas voladoras, a las que accedimos Raúl y yo, el resto de atracciones en las que nos montamos fueron en aquellas infantiles donde los pequeños tenían que ir acompañados. El resto era impensable por la cantidad de gente que conformaba las colas. Es una pena, pero en el fondo, como he dicho antes, la idea principal era pasar un día juntos y, sobre todo, que los churumbeles se divirtieran a tope y, eso que tuvieron emociones fuertes, porque a las primeras de cambio les subimos a una montaña rusa, nada tranquila, de la que se bajaron con opiniones bien diferentes: mientras Irene y Hugo, más impetuosos y movidos, estaban encantados con el viaje que habían realizado y habrían repetido de haberles dejado; Carla, más comedida ella, prefirió no asumir tantos riesgos y, dejar esas “emociones” para los otros dos. Aunque, “con morir una vez al día es suficiente” -Irene dixit.

Y, en cuanto a la fotografía, no os pensaréis que me iba a acercar hasta el Parque sin la cámara. Pues, inicialmente pensé llevar una compacta, porque entre la comida, la bebida y, alguna otra cosa, la mochila podía llegar a tener un peso considerable, pero finalmente, los elementos a transportar ocuparon menos de los esperado lo que me permitió cargar con la cámara réflex y, con un añadido, el trípode, eso sí, el pequeño y más ligero que tengo. Y, de paso, aproveché para estrenar mi flamante mochila fotográfica, cómoda, versátil y segura donde las haya, ¡qué buena inversión!.

Mi idea inicial, además de hacer un extenso book de todos nosotros disfrutando del día, era fotografiar alguna atracción en sus horas nocturnas, si es que llegábamos a ellas. Y, más concretamente, iba con la idea de fotografiar una noria cuando ya tuviera sus luces encendidas (si buscáis en Google “fotografía nocturna norias” veréis a qué tipo de fotos me estoy refiriendo). Pero, vaya chasco, en el Parque de Atracciones no hay noria, ¡pero, cómo es posible que no tengan una noria! Pues no la tienen, no señor.

Sin embargo, la suerte no me abandonó por completo. Poco antes de montar en las sillas voladoras encendieron las luces y, pudimos apreciar que la parte inferiior de las sillas tenía un par de iluminaciones rojas, las cuales al girar podían dar un bonito efecto. Cuando bajamos de la atracción, la noche empezaba a adueñarse del parque y, aproveché para extender el trípode y preparar la cámara. Hice tres o cuatro tomas, que no han quedado nada mal, pero la última es la que más me (nos) gustó, por ser distinta al resto, por ser algo inesperado, por esa espiral intermitente que se fue formando conforme las sillas iban perdiendo altura e iban acercándose más al pilar central.

No obstante, me volví a casa sin capturar una noria girando, así que es otra muesca que aún no he podido marcar en la cámara. Otra más y, ya van … (si alguno sabe de algún lugar donde haya una noria que me lo diga, por si algún día puedo escaparme).

Muchas gracias a todos y hasta la semana que viene.

Título: “A falta de noria, buenas son las sillas voladoras”.

Datos EXIF
ISO: 100
Apertura: f/20
Velocidad: 20 seg.
Distancia focal: 17mm

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