La fotografía nocturna es espectacular y, muy llamativa por los colores, tonalidades y sensaciones que se pueden llegar a lograr y representar, diferentes a los que estamos acostumrados a observar con luz diurna.

Pero esta modalidad no consiste únicamente en colocar la cámara en el trípode, posarla en el suelo firme y, esperar y esperar. Requiere de una técnica que no es fácil de conseguir. La dificultad para enfocar, para componer, para visionar los resultados, … totalmente a oscuras, son inconvenientes a los que hay que hacer frente cuando abordas un proyecto nocturno, sobre todo cuando no se tiene la práctica suficiente en este terreno fotográfico.

Mario Rubio es un referente en cuanto a la fotografía nocturna, de larga exposición, pintar con luces, etc. En su página web podréis disfrutar de sus trabajos y, daros cuenta de las cosas tan fantásticas que se pueden llegar a conseguir. Evidentemente, este fotógrafo lleva mucho tiempo practicando y perfectionando su técnica y cuenta, además, con el material suficiente para hacer todo tipo de virguerías.

Sin embargo, un servidor es un novato, recién llegado a la fotografía en general y, que va dando palos de ciego cada semana, cada oportunidad, de una técnica a otra (y las que me quedan). Es por ello que los resultados obtenidos en mi experiencia nocturna no son ni muchísimo menos tan geniales como los de Mario Rubio. Aún así, estoy contento, porque he conseguido lograr el objetivo que me había marcado inicialmente, que no era otro que reflejar en una fotografía el movimiento de la tierra con respecto a la estrella Polar.

¿Podría haber hecho algo distinto para conseguir lo mismo o similar? Rotundamente, sí.

  • En lugar de hacer una única fotografía de tantos minutos, podría haber hecho una secuencia continua de un minuto de exposición, como máximo, para posteriormente unirlas en el ordenador. Habría ganado en nitidez.
  • Podría haberme alejado mucho más del núcleo urbano en el que me encontraba. Me ha quedado claro que, alejarme sólo 200 metros de la última farola del pueblo no es suficiente. Al rato, ya veía perfectamente el camino y, los campos recién cosechados que me rodeaban.
  • También, buscar algún elemento compositivo para la foto y no basarme únicamente en las estrellas: Pero para ello, tendría que haber empleado mucho más tiempo, localizando dichos sitios, llegando con tiempo a los mismos para componer bien la foto, … y ese tiempo me habría privado de estar con mi familia.
  • Y, seguro que hay muchas más cosas, en algunas de las cuales ahora mismo no caigo, y otras que desconozco por completo.

Pero si una cosa me ha quedado clara -en realidad, ya la tenía clara antes de hacer la foto-, es que la noche no es oscura. Y no me refiero por la luz que pueda aportar la luna, más que nada, porque el pasado sábado había luna nueva. Me refiero a la contaminación lumnínica de los núcleos urbanos. Es increible la cantidad de energía que se desperdicia, que escapa de cada farola y, que lugar de aprovecharse para alumbrar mejor las calles, o gastar menos, se pierde hacia el firmamento.

Me hace gracia cuando la gente mayor dice eso de: “Antes había más estrellas”. Error, no había más estrellas, lo que pasa es que había menos iluminación y se podían ver mejor. Me parece muy triste salir al campo en plena noche y, observar cómo las cúpulas anaranjadas rodean los pueblos, por pequeños que sean, y ciudades de nuestra geografía. Luego dirán que no tienen dinero para pagar el alumbrado, pero si se hubiera hecho, o se hiciera, una gestión más responsable, quizás podrían haber ahorrado unos cuantos euros a lo largo de los años.

Pero este es un tema que a casi nadie le importa. A mi sí, y no sólo ahora que estoy metido en la fotografía o, ahora que estamos inmersos en una crisis económina. Es algo que llevo diciendo (o pensando) desde hace años. Debemos pedir y luchar por una noche oscura, una noche que únicamente esté iluminada por la luna y las estrellas, no por las miles y miles de farolas mal diseñadas e instaladas a diestro y siniestro, sin sentido en nuestras calles. Farolas que en lugar de alumbrar solamente el suelo, también alumbran, paredes, tejados, … y, por desgracia, el cielo.

No es de recibo alejarse 100, 200 ó 500 metros de un pueblo, pensar que uno se encuentra en la mitad de la nada, en la absoluta oscuridad y, a los pocos minutos, darse cuenta de cómo las luces de las últimas farolas te están aportando la suficiente luz como para poder ver el camino, ¿para qué? ¿por qué?.

Dado que la fotografía nocturna requiere de exposiciones largas, cualquier haz luminoso que le pueda llegar al sensor, por ínfimo que sea, puede hacer que el resultado final no sea el realmente esperado, por ejemplo, que la noche más cerrada no lo parezca tanto. Este hecho implica que en función de lo que se quiera fotografiar, se precise alejarse varios kilómetros de cualquier núcleo urbano, por pequeño que éste sea. Y, como yo no me alejé lo suficiente, en lugar de tener las estelas de las estrellas sobre un fondo completamente negro, lo que tengo son las estrellas con un fondo mucho más claro. ¡Maldita contaminación lumínica!.

Por cierto, haced la prueba vosotros mismos, entrad en una habitación que esté completamente a oscuras, pero que tenga una pequeña rendija (la última línea de agujeritos de la persiana, por ejemplo) por la que entre algo de luz. Veréis cómo, con el paso de los minutos, vuestros ojos se acostumbran a la oscuridad y, con esa exigua luz, son capaces de distinguir y ver los elementos que os rodean. Pues lo mismo le pasa al sensor de una cámara de fotos, con el paso de los segundos, va capturando esa reducida cantidad lumínica y, consigue plasmar los objetos que rodean a la cámara o aclarar todo aquello que aparece en la fotografía. ¡Maldita contaminación lumínica!.

¿Volveré a intentar un “StarTrail”? Me gustaría, pero me gustaría hacerlo en un escenario distinto. Asegurándome que la (maldita) contaminación lumínica es lo menos dañina posible y, dentro de un escenario que permita darle a la fotografía algún elemento compositivo interesante: una casa abandonada, un monumento, un vehículo, …

Muchas gracias a todos y hasta la semana que viene.

Título: “Las estrellas son mi techo”.

Pd. La foto está tratada en el ordenador, por eso puede dar la impresión de un anoche oscura, pero no es así. Podéis ver el original abajo. El “precio” que he tenido que pagar para conseguir oscurecer la foto ha sido que aparezca ruido en ella. Aún así, creo que he logrado que se vean mejor las estelas de las estrellas. Y, también os dejo un tratamiento más de la imagen, como si se hubiera captado en la hora azul, aunque la foto empecé a hacerla a las 23:57 y acabé a las 0:45.

 

 

 

 

 

Datos EXIF
ISO: 100
Apertura: f/2,8
Velocidad: 2906,3 seg.
Distancia focal: 17mm

Anuncios