Los que seguís regularmente el apartado “52 semanas, 52 fotos” habréis comprobado que hay unas cuantas fotografías de larga exposición. En una de las entradas, comentaba que me gusta mucho la fotografía urbana, pero la fotografía de larga exposición, sobre todo, en la hora azul o nocturna, también me apasiona. Os dejo unos ejemplos de mi galería de fotos.

¿Te gustan? Vale, puede que mis fotos no te hayan gustado, pero en Internet tienes muchas que sí atraerán tu atención y te gustarán.

¿Quieres saber cómo se han hecho? ¿Quieres probarlo tu mismo? A ver si consigo explicar, de manera rápida y sencilla, como lograrlo.

En primer lugar, indicar que se llaman fotografías de larga exposición porque el sensor de la cámara está recibiendo luz -está expuesto- durante un periodo “largo”, fotográficamente hablando, por ejemplo, medio segundo, un segundo, diez segundos o, más. El obturador, esa cortinilla que permite la entrada de luz, permanece abierto durante todo el tiempo indicado, de manera que la información es registrada por el sensor en ese lapso de tiempo.

¿Ha quedado claro? Espero que si, al fin y al cabo, el obturador podrían ser nuestros párpados que permiten la entrada de luz a nuestros ojos, y el sensor el cerebro que registra toda la información recibida. Larga exposición porque los párpados permanecen abiertos durante mucho tiempo, para lo que es la fotografía.

Ahora, vamos a poner esta pequeña teoría en práctica.

  1. Primero de todo, ¿tu cámara permite configurar los modos de disparo de forma manual o semimanual? Si, tu cámara sólo tiene programas automáticos, poco podrás hacer, pero puedes seguir leyendo, si quieres.

    Pon la cámara en modo de disparo con prioridad a la velocidad: Modo “S” en Nikon, modo “Tv” en Canon. ¿Y si yo no tengo ninguna de esas marcas? Hay que tirar del manual de la propia cámara.

    En la pantalla de la cámara, al mover la ruedecita de control de la velocidad, verás que los valores van variando: 1/1000, 1/60, 1/2, 1”, 15”, …, es decir, una millonésima de segundo, una sexagésima fracción de segundo, medio segundo, un segundo, quince segundos, … Ajusta la velocidad hasta el valor que te parezca conveniente. Como la cuestión es aprender cómo se hacen estas fotos, no nos pararemos a ver si el resultado obtenido está bien expuesto de luz o no, para eso ya está la práctica continua hasta dar con el resultado deseado.

  2. ¿Tienes un trípode? ¿No? No te voy a decir que mal vamos, pero casi. Siempre puedes posar la cámara en una mesa, en un murete o, en un banco, pero para este tipo de fotografías, el trípode es el mejor amigo de la cámara, porque lo que buscamos es estabilidad, que la cámara no se mueva nada, nada, nada, dado que cualquier movimiento, por mínimo que sea, será grabado en el sensor, de lo contrario obtendremos una imagen trepidada o movida, que no borrosa, que eso es otra cosa muy distinta. Acuérdate de desactivar el estabilizador de la cámara o del objetivo, importantísimo.

  3. Tenemos un trípode, o no pero tenemos la cámara firmemente apoyada. El siguiente paso tiene que ver con el disparo. ¿Cuentas con un disparador remoto o inalámbrico? No te asustes, este elemento no es tan imprescindible como el trípode. Si lo tienes fenomenal, porque con él reduciremos las vibraciones producidas al pulsar el disparador de la cámara. Pero si no lo tienes, la alternativa -la cual utilizo yo muchísimo- es usar el disparador automático, configurándolo a 2 segundos, por ejemplo, para que la espera no se haga más larga.

    El disparador inalámbrico nos vendrá muy bien, será imprescindible, si queremos hacer fotografías que duran más de 30”, que suele ser el tiempo máximo configurable, a partir de ahí se pasa al estado “Bulb”, que permite hacer fotos del tiempo que se quiera, desde que se pulsa el botón de disparo hasta que se suelta, de ahí lo bueno de tener un disparador inalámbrico.

  4. “Afotar, afotar y afotar”. La teoría ya te la he contado. Un trípode, un disparador remoto o con el automático, una velocidad de disparo lenta y, encuadrar la escena y a hacer fotos. ¿A qué? Estela de coches, atracciones, estela de estrellas, edificios iluminados, … ¿Y por el día no? También, por el día, conseguir el efecto de agua sedosa, por ejemplo. Pero, siempre practicar y practicar, porque las primeras imágenes saldrán sobreexpuestas -con más luz de la deseada por haber puesto un tiempo demasiado largo- o subexpuestas -oscuras por haber configurado un tiempo demasiado corto. Practicar, practicar y practicar.

A la hora de practicar, partiendo desde 0, es mejor empezar por momentos en los que la luz es escasa, al atardecer, por la noche, en lugares oscuros, … Como te he dicho, también se pueden hacer fotografías de larga exposición durante el día, pero eso requiere un control mayor de esta técnica, además de elementos adicionales como filtros de densidad neutra.

Lo más espectacular de este tipo de fotos es conseguir plasmar elementos iluminados y si son en movimiento, mejor. Acercarse a un puente o una calle con tráfico suficiente, puede ser un buen comienzo.

Por cierto, no te olvides del estado de la batería de la cámara. Puesto que son fotos que tardan en realizarse, sería muy triste que en mitad de la sesión la batería se acabara y hubiera que volver a casa antes de tiempo. Revísala y verifica que está perfectamente cargada o, en su defecto, lleva una de repuesto.

Si te interesa este tipo de fotografía, investiga, lee y profundiza más en el tema. Esto ha sido una pequeña aproximación para perderle el miedo. Y, si tienes dudas, pregunta que no cuesta dinero.

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