Se va acabando el verano, o cuando menos, se van acabando las vacaciones veraniegas. La vuelta al cole no es sólo para los más pequeños de la casa, sino también para los padres que vuelven al tajo o, a la rutina diaria.

Yo, sorprendentemente, este año he vuelto al trabajo feliz y desestresado. Han sido unas vacaciones magníficas y, no pienso dejar que el trabajo me las borre de la mente, de ahí que tras una semana desde que éstas se acabaron, aún siga con buen humor y optimismo. Lo que no sé es lo que me va a durar, pero mientras “que me quiten lo bailao”.

Aunque en realidad, las vacaciones, vacaciones, acabaron el día 9 de septiembre. Dicho día volvimos a juntarnos la familia entera, tras la diáspora pueblerina que ha vivido el más pequeño de la casa. Y, para reunir a la familia, lo primero que había que hacer es ir hasta el pueblo en cuestión que, por si no lo en comentado en anteriores ocasiones, está en la provincia de Zamora. ¿Y esto al blog en qué le afecta? Pues, ni más ni menos, en que la foto de esta semana tendría que ser zamorana.

Zamora me la he pateado mucho ya, tanto sin cámara como con ella. Sin embargo, nunca me había dado por cruzar a la margen izquierda del Duero y buscar nuevas vistas y perspectivas de la ciudad. Este fin de semana estaba decidido a hacerlo pero, ¡mira tu por dónde!, las actividades culturales que no hemos visto durante el mes de agosto, nos las hemos ido a encontrar en el mes de septiembre.

Concretamente, el fin de semana, en cuestión, se celebraban las fiestas en honor de la Virgen de la Concha. Y, entre las diferentes actividades programadas se encontraban unos pasacalles de Gigantes y Gigantillas -oséase Gigantes y Cabezudos-. ¿Habría sido un buen padre si hubiera privado a mi hijo de ir a ver el pasacalles? ¿Era mejor quedarse en casa en lugar de ver el desfile? ¿Iba a desaprovechar la oportunidad de fotografiarlos? La respuesta a las tres preguntas es fácil: NO.

¡Vaaaaale!, ir con un hijo pequeño al lado, aunque el abuelo te eche una mano a la hora de cuidarle, no es la situación ideal para hacer fotos, pero es que tampoco quería perderme su cara al ver a los gigantes y cabezudos, puesto que era la primera vez que los veía.

Dado que el pasacalles representa una antigua tradición, no sólo zamorana, sino de muchas ciudades y pueblos de la geografía española, me pareció buena idea darle a la fotografía un virado en sepia de manera que tuviera un tono de “fotografía de época”.

Muchas gracias a todos y hasta la semana que viene.

Título: “¿Y los gigantes? Sólo las gigantillas”.

Datos EXIF
ISO: 200
Apertura: f/5,6
Velocidad: 1/100
Distancia focal: 46mm

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