Nos vamos de viaje, metemos en la maleta una cámara recién comprada, buenísima -réflex, compacta o como quieras- de la que estamos orgullosos porque nos va a hacer unas fotografías fabulosas.

Volvemos del viaje, revisamos las fotos y … no es lo que esperábamos. Fotos típicas, fotos de postal, sin alma, sin mensaje, que no atraen la atención más allá de unos pocos segundos. Sí, nos sirven para certificar que hemos estado en tal o en cual lugar, pero nada más. Mostrárselas a los amigos y familiares es como mostrarles un estante de postales de un kiosko.

¿A qué se debe? ¿Por qué mis fotos no llaman la atención? ¿Qué hago mal? Lo primero, sería aprender y dominar unas reglas básicas de composición, las cuales, empleándolas bien, seguro que hacen más llamativas, decentes y aceptables nuestras imágenes. No hace falta ser un fotógrafo profesional o un simple aficionado para tenerlas siempre presentes.

La regla de los tercios

Compramos una cámara y, en algunos modelos, resulta que en el visor o en la pantalla aparecen un par de líneas horizontales y otro par de ellas verticales. ¿Estará estropeada? ¿Cómo se quita eso, que me molesta?

La regla de los tercios.
Esas líneas nos sirven de guía para aplicar la regla de los tercios, la cual consiste en, dividir la imágen en 9 partes iguales (mediante las 2 líneas paralelas horizontales y las 2 verticales) y a continuación colocar el sujeto principal de la foto en algún punto de intersección de las líneas. Si no se tienen esas líneas prefijadas, habrá que hacer la distribución mentalmente.

Los cuatro puntos de intersección son los puntos fuertes de la fotografía y que atraerán más la atención, otorgándole a los sujetos en ellos colocados más interés del que podrían tener en cualquier otro lugar de la imagen.

Si nuestra fotografía tiene varios elementos, sería conveniente distribuirles en cada uno de los cuatro puntos, para darle más empaque la imagen. Y, dando una vuelta de tuerca más, si se van colocando en el mismo orden en el que escribimos y leemos, mucho mejor, simplemente por cultura y costumbrismo a la hora de mirar libros, carteles, textos, etc..

La ley del horizonte

La ley del horizonte está relacionada con la regla de los tercios. Consiste en componer la imagen teniendo en cuenta que la línea del horizonte debe situarse en una de las dos líneas que forman los tercios horizontales de la fotografía.

Es muy útil a la hora de fotografiar paisajes. Colocar la línea del horizonte en el tercio superior o en el tercio inferior dependerá del motivo que se esté fotografiando. Si queremos darle más relevancia al cielo, por las nubes o el color que tenga, colocaremos la línea del horizonte en el tercio inferior. Si, por el contrario, lo relevante de la imagen es lo que existe en la “tierra”, colocaremos la línea del horizonte en el tercio superior. De esta manera, resaltaremos mucho más aquello que nos llamó la atención.

En cualquiera de los dos casos, es importantísimo que la línea del horizonte no salga más alta de un lado que de otro. ¿Alguno de vosotros al mirar hacia el horizonte, en la playa, por ejemplo, lo ha visto caído hacia uno de los dos lados? no, ¿verdad? Daría muy mala sensación ver una fotografía del mar y que pareciera que el agua se fuera a verter por uno de los dos lados. La imagen resultante no debe quedar “caída” y, en caso de que así sea, hay que corregirlo posteriormente en el ordenador. Es lo que se denomina conseguir horizontes rectos.

Identificar el centro de interés

En fotografía, “menos es más”, es decir, debemos procurar que nuestra imagen contenga los elementos justos. Cuantas más cosas queramos meter, más caótica será y menos interés tendrán.

Determina qué quieres sacar, intenta aislarlo, si es posible de elementos externos, o darle la suficiente importancia rellenando el encuadre, colócalo usando la regla de los tercios y fotografíalo.

Seguir la dirección: reglas del movimiento y de la mirada

En la vida cotidiana, estamos rodeados de líneas físicas, tangibles: vías de tren, aceras, rayas de la carretera, edificios, hileras de árboles, …, que nos indican una dirección o sentido.

Estas líneas guían nuestra mirada. En fotografía, sucede lo mismo, las líneas dirigirán nuestra vista hacia un punto, en el cual deberemos colocar el sujeto principal de la imagen.

Regla de la mirada

La regla del movimiento nos indica que, cuando fotografiamos objetos que se están moviendo es conveniente dejar espacio suficiente en la dirección hacia la que se dirige, para realzar la sensación de desplazamiento, por ejemplo, si fotografiamos un vehículo que se acerca a nosotros por nuestra derecha (“entra” en la fotografía por la derecha), deberemos dejar espacio por la izquierda y, así lograr la sensación de que el coche se va a desplazar en esa dirección y, que un instante después habrá desaparecido de la fotografía.

Lo mismo sucede con la regla de la mirada. Hay que dejar el espacio suficiente en la fotografía hacia el lugar en el que el sujeto está dirigiendo su mirada, es decir, habría que dejar más espacio por delante de la mirada que por detrás.

Asimetrías

No me preguntéis el por qué, no soy un experto en temas psicológicos (ni fotográficos), pero una foto asimétrica llama más la atención que una imagen simétrica. ¿Será porque la simetría y la homogeneidad suele ser más sosa y monótona?

Fotografiar elementos impares (tres es un número ideal de elementos) o, que rompan una teórica simetría de distribución -colores, formas, …- o, descentrar la foto siempre va a reforzar la imagen capturada.

El fondo

A la hora de hacer una foto debemos tener en cuenta no sólo el sujeto principal, sino también el entorno que lo rodea.

Ese fondo, tanto por las formas -menos es más- como por los colores -el fondo tiene el mismo color que el objeto principal- pueden eliminar todo el interés del elemento fotografiado.

Pensad en una fotografía de una flor blanca. Si en el fondo aparecen más flores, aquella a la que queríamos resaltar no sobresaldrá del resto. Igualmente, si el fondo es verde, la flor resaltará más, pero si el fondo tiene colores pálidos o claros, nuestra flor perderá interés.

Experimenta con nuevos ángulos

No te quedes sólo con realizar fotografías de pié, plantado como una farola.

Prueba a hacer fotos desde nuevos ángulos y puntos de vista. A ras de suelo, subiéndote a un murete, picados, etc.. Verás cómo tus fotos ganan en interés, serán imágenes nuevas a las que el ojo humano no está acostumbrado por ser novedosas.

Los niños y los animales son más bajos que tu

Siempre que puedas, ponte a su altura: agáchate, ponte de cuclillas o de rodillas, túmbate en el suelo, tira la cámara al suelo, …, pero intenta ponerte a tu altura. De no hacerlo, estarás distorsionando la realidad y, perderás realismo.

Este punto puede parecer contrario al anterior, pero a nadie le gusta una fotografía de su hijo dando la sensación de tener una cabeza demasiado grande, por ejemplo, al haberla hecho desde arriba. Varía los puntos de vista, sí, pero sin “cambiar” los tamaños del niño o animal (a menos que sea eso lo que precisamente se está buscando).

El post-procesado

El dichoso procesado en el ordenador, el dichoso “fotochof”.

Cuando no existían los ordenadores, ni estábamos en la era digital, las fotografías también se postprocesaban, pero en ese caso se hacía en el laboratorio. El fotógrafo era el encargado de jugar con la imagen capturada y obtener unos resultados u otros en función de sus gustos o deseos, gracias a los líquidos y a la química empleada.

Hoy en día, se han sustituido esos laboratorios por los ordenadores personales.

Cut-off

¿Está bien manipular una fotografía tras haberla hecho? Ahí va en gustos de cada uno. Hay fotos que ganan muchísimo tras un pequeño maquillaje de contraste o brillo o al pasarlas a blanco y negro; mientras que otras dejan de tener interés al haber sido totalmente distorsionadas y modificadas.

Para este tema no hay una regla válida, cada fotografía puede pedir un procesado u otro, o ni siquiera pedirlo.

Eso sí, te recomiendo que hagas todas tus fotos siempre en color, porque se pueden pasar a blanco y negro sin perder ni una pizca de información, mientras que el paso inverso, de blanco y negro a color, no será posible hacerlo sin perder detalles.

Y, añadido a este último párrafo, si puedes, haz las fotos en formato RAW porque éste será el negativo de la imagen, que lo podrás manipular y remanipular sin perder información ni afectar a la fotografía original. Ocupa mucho más que un JPEG, sí, pero a la larga saldrás ganando.

 

Espero que estos consejillos os sirvan para que vuestras fotos ganen en interés y os sintáis más orgullosos aún de ellas.

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