Desde hace unos años, está de moda la organización de mercados medievales. A poco que la ciudad o pueblo tenga algo de encanto, con un casco histórico bien preservado, con casas o palacios de siglos pasados medianamente bien conservados, te montan un sarao de este tipo como reclamo turístico.

Y, la verdad es que, por norma general no están mal montados, aunque siempre hay excepciones. De tantos mercados de este tipo que hay, siempre te encuentras alguno pequeño en el que los comerciantes se visten con la primera camisa que encuentran en su armario al levantarse de la cama y, los puestos están cubiertos por unos plásticos de colores diversos, que en nada simulan las carpas medievales. Evidentemente, todo depende del presupuesto de la localidad en cuestión; dinero, siempre es cuestión de dinero.

La pasada semana se celebró en la localidad de Alcalá de Henares la semana Cervantina y, para acompañar dicho acontecimiento se montó un mercado medieval, mercado Cervantino para ser más exactos, pues así lo han llamado desde la localidad Complutense, como no podía ser de otro modo.

El pasado sábado, mi familia y yo decidimos unificar la semana cervantina con el tren de Cervantes, para pasar, de esta manera, la jornada sabadeña haciendo algo distinto.

El mercado medieval de Alcalá no es para nada mísero o pobretón, todo lo contrario, por lo que llegamos a oir, era (o es) el más grande de los que se montan en España. Es un mercado distribuido a lo largo de varias de las plazas y calles más céntricas de la localidad y, con una gran variedad de puestos, aunque, evidentemente, con un número tan amplio de éstos, no es ilógico verles repetidos.

El visitante de estos zocos puede encontrarse productos de todo tipo: desde objetos tallados en madera de olivo, hasta coronas de flores, pasando por collares, pendientes, ropa y, golosinas; paseos en burros, demostraciones de aves rapaces, chiringuitos de comidas a la brasa, etc..

¿Y golosinas? También, te encuentras golosinas. ¿Había golosinas en la edad media? No como las conocemos ahora, evidentemente. Almendras garrapiñadas, turrones, pasteles, seguro que sí, pero golosinas …, jejeje, bueno, los tiempos cambian, evolucionan y a estos sitios se acerca mucha gente, entre ellos niños (y no tan niños) ansiosos de llevarse a la boca estos manjares tan ricos y sabrosos.

¿Quién se atreve a decirme de qué son estas dos golosinas? Está muy complicado y dudo que lo adivinéis. No es mora, ni limón, ni fresa, ni plátano, ni … ni …. Estas dos gominolas son de unos sabores originales -ojo, que no las he probado, me baso en lo que ponía el cartel- : patxarán y gintonic. Y es que ya no saben lo que inventar, aunque yo me sigo quedando con mi regaliz rojo y las que tienen sabor a cubalibre.

Aquí os dejo con esta foto dulzona, que es la penúltima del proyecto. Sólo queda una foto para acabar el año y ya la tengo pensada, así que se puede decir que esto está hecho.

Muchas gracias a todos y hasta la semana que viene.

Título: “¡A la rica golosina!”

Pd.- Quedan pocos días para votar en la encuesta. La semana que viene se cerrará y os daré los resultados. ¿Ya habéis votado en la encuesta? Podéis hacerlo desde este mismo blog o, en la página de facebook.

Muchas gracias por vuestra colaboración.

Datos EXIF
ISO: 100
Apertura: f/2
Velocidad: 1/30
Distancia focal: 50mm

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