El que no tiene hijos, tiene sobrinos o, nietos o, … amigos con niños o, quiere dedicarse a la fotografía de los más pequeños. En cualquier caso, nos surje la necesidad de que sean retratados para que, cuando se hagan mayores, recordemos lo chiquititos que eran, los gestos que tenían, sus primeros pasos, …

Es fácil fotografiar niños -como cualquier otra cosa, ¿no?-. Se coge una cámara y se empieza a disparar. Pero, de esa manera, únicamente se conseguirá tener cantidades ingentes de imágenes idénticas, repetidas que, más que aportar información, cansarán a la persona que las visualice, porque pocas de ellas ofrecerán un recuerdo diferente o peculiar de cómo era el niño en la etapa fotografiada.

No estoy diciendo que sólo se haga una foto cada vez y, más ahora que, con la fotografía digital, parece que no nos cuesta nada hacer las fotos, ni almacenarlas. Lo que estoy diciendo es que sería muy bonito y enriquecedor poder tener/hacer un book -o varios, si se hace por etapas- diferente, con fotografías más pensadas, cuidadas, hechas con más cariño y mimo, fotografías que consiguieran que a los padres (abuelos, …) se les cayeran la baba -más aún- al verlas. En este caso, ya no es tan fácil fotografiar a los niños, ¿verdad?.

CONSEJOS GENERALES

Para conseguir llevar a cabo este tipo de trabajos, hay que tener muy muy muy claro que lo importante son los niños. Ni el fotógrafo, ni los padres, los niños y nada más que los niños es lo importante.

Hay dos aspectos a tener en cuenta. Uno de ellos es la empatía, de manera que el fotógrafo sea capaz de ponerse en la situación de los niños y logre una buena complicidad con ellos; y, por supuesto, se debe tener mucha paciencia, puesto que los niños no siempre hacen lo que se le pide o con la ligereza que se quisiera o, se ponen a llorar sin motivo aparente, en definitiva, hay que saber controlar todas aquellas situaciones en las que un niño puede conseguir alterar la serenidad de una persona.

Dado que los niños son los protagonistas, hay que hacerles sonreir, que se sientan en su hábitat, teniendo una temperatura agradable y, para según qué edades, es importante que hayan comido bien. Cualquier cosa para que ellos se encuentren cómodos y tranquilos.

Luz

Como aspecto general, la iluminación empleada para fotografiar niños no debe variar de la usada para sesiones realizadas con adultos.

Sin embargo, cuando se fotografían bebés aparece el dilema de si usar flash o no. Hay pediatras que indican que no se debe usar, mientras que hay otros que sí que se puede utilizar. Ante esta diferencia de pareceres, lo más sensato es aplicar el sentido común, preguntar a los padres y, en caso de duda, no usarlo.

Uso del flash

El flash de mano deberá ser rebotado contra techos o paredes, preferiblemente, blancos para no obtener dominantes de color que alteren los resultados.

En cualquier caso, el flash integrado de la cámara no debe ser usado nunca en interior, pudiéndose ser usado en exteriores como flash de relleno.

Imagen

El rango focal idóneo para realizar este tipo de fotografías se mueve entre 50mm y 80mm. Evidentemente, el fotógrafo puede jugar con otras focales en función del resultado que quiera conseguir, pero los angulares distorsionarán las proporciones de los elementos fotografiados y, los teles no permitirán estar tan cerca de los niños, así como el efecto de unir mucho los planos.

Teniendo el diafragma abierto se conseguirá una profundidad de campo menor, es decir, un mayor desenfoque y, que entre más luz al sensor, lo que permitirá fotografiar con velocidades mayores, sobre todo en interiores.

Suele ser interesante incluir en la fotografía referencias del lugar, tiempo o tamaños para que en un futuro se consiga un recuerdo más completo del momento en el que se realizó la toma.

Sesiones

Parece de perogrullo, pero las sesiones deben estar planificadas previamente para evitar la sensación de inseguridad e improvisación, tanto hacia los niños como hacia los padres.

El tiempo ideal para una sesión con niños debe rondar entre una hora y una hora y media. Más tiempo sería contraproducente porque los niños se cansarían demasiado con lo que todo ello conllevaría.

Sin embargo, hay que contar con un tiempo previo de preparación de la sesión, tanto del estudio, como análisis de la casa, como de los exteriores donde se vaya a realizar la sesión.

CONSEJOS POR EDADES

Recién nacidos

Durante las dos primeras semanas de vida, los recién nacidos apenas se mueven, por lo que es una situación ideal para realizar fotografías sin riesgo a movimientos extraños, caídas, etc.. Se pueden jugar con la velocidad de obturación, pudiendo elegir valores lentos (1/50, por ejemplo). Asimismo, no es imprescindible disparar en ráfaga.

Es muy importante que, el lugar en el que se van a realizar las fotos tenga una buena temperatura, 25 – 26 grados, y que el bebé no tenga hambre. De esta manera, se minimiza el riesgo de que se ponga a llorar.

Es preferible que la madre esté lo suficientemente separada cuando se vayan a tomar imágenes del bebé en solitario. En el caso de realizar fotografías con los padres, mejor hacerlas al final de la sesión.

En cuanto a la luz, ya se ha comentado que sería preferible no usar flash. En su lugar, es mejor usar luz natural, por lo que habría que poner al recién nacido cerca de la ventana. En su defecto, usar luz continua, a ser posible fría.

1 – 6 meses

Con estos meses de vida, los bebés, por norma general, todavía no consiguen mantenerse sentados, por lo que deben estar tumbados para hacerles las fotografías. Ponerles en cualquier otra postura sería algo antinatural que obligaría a añadir elementos adicionales para conseguir que se mantuviera erguido.

Empiezan a realizar gestos, poner caras, mover sus articulaciones. Es un buen momento para captar esas acciones que realizan de manera repetitiva y que tanta gracia hacen a los familiares. Como sus movimientos son lentos, todavía permite fotografiar con velocidades lentas de obturación.

Al igual que con los recién nacidos, el flash es un tema en discusión, por lo que ante la duda, como antes, mejor no usarlo y aprovechar la luz natural, si es posible.

7 – 12 meses

Son niños felices que gesticulan, ríen, se empiezan a descubrir, en definitiva, se lo pasan en grande.

Antes de empezar a fotografiarles, hay que darles un tiempo para que se adapten, se acomoden y empiecen a desplegar toda su gracia y salero. Un buen truco es darles un muñeco que les guste, para que puedan interactuar con él a su gusto, e incluso quitárselo para que se acerquen gateando hacia la cámara..

En este caso, la velocidad ya tiene que ir subiendo, siendo una buena referencia 1/100, 1/200. Hay que empezar a considerar disparar en ráfaga para no perderse ningún gesto, aunque posteriormente se descarten mucha imágenes por duplicadas.

1 – 3 años

Esta edad es de las más difíciles, porque no se están quietos en ningún momento. Evidentemente, el disparo en ráfaga es imprescindible y las velocidades de obturación deben ser rápidas.

Dado que es una época en la que están son “culos inquietos”, hay que tener muy claro antes de empezar qué fotografías se quieren conseguir, en realidad, saber qué quieren tener los padres retratado, porque, se cansan muy pronto de todo y, no hacer la foto en el momento preciso es perder la oportunidad definitivamente.

A esta edad, ya se puede empezar a salir al exterior para realizar las sesiones. Así, los niños se podrán explayar más.

Tanto en exterior como en interior, en esta edad es importante que los padres estén presentes y que les animen en todo lo que hagan y les pidan.

4 – 7 años

Empiezan a colaborar, por lo que puede resultar algo más sencillo hacer las tomas que se desean de antemano.

Es importante que tengan a mano algo suyo, un peluche, un juguete, un libro, … que les haga sentirse cómodos y seguros y puedan interactuar con ello libremente.

Si la sesión se realiza en el exterior, no es conveniente hacerles andar mucho, por lo que las localizaciones deben ser cercanas. Se cansan pronto de andar y eso puede arruinar la sesión.

Les encanta saltar, por lo que una manera de ganarse su confianza y conseguir fotografías curiosas es pedirles que salten.

Si los niños son tímidos es conveniente que los padres se encuentren cerca y así darles seguridad y confianza. Pero si, por el contrario, son más extrovertidos, es mejor que no estén a la vista de los niños, para que así puedan estar más sueltos y dicharacheros.

8 – 10 años

Puede ser el rango de edad más complicado porque están en la etapa de la negación. A todo se niegan, se burlan, ponen caras raras, suelen ser mandones, etc..

Hay que adaptarse a ellos dándoles libertad para elegir sitios, ropa, momentos, a la vez que se negocia con ellos. Es decir, hacer las fotografías que ellos quieran durante un rato y, negociar para las que quiera el fotógrafo, para luego volver a lo que ellos quieran, …

La paciencia es la madre de la ciencia y, en este caso, es el único método bueno para conseguir realizar sesiones buenas con estos niños. Mucha paciencia.

En cuanto a los padres, es mejor que no estén presentes porque así los niños estarán más cortados, intimidados por el “extraño”, y podrán ser más manejables.

11 – 14 años

Es la edad de la vergüenza, por lo que hay que buscar la complicidad con los niños. Es bueno “disfrazarles”, vestirles con la ropa y complementos que a ellos más les guste.

Debido a la influencia de los medios, los niños de estas edades tienden a posar como modelos o sus ídolos. Por ello, hay que procurar que vuelvan a su edad con algún juego, que vuelvan a ser niños de nuevo rompiendo esa interpretación.

Distintas edades

Todo lo detallado anteriormente, se basa en sesiones a niños de idénticas edades, pero ¿cómo actuar cuando se llega a una sesión con niños que se engloban en distintas etapas?

En primer lugar, hay que realizar las fotos de grupo, todas aquellas que se tuvieran pensadas hacer con todos los niños juntos. Tarde o temprano, algún niño se enfadará y, a partir de ahí será casi imposible volverles a juntar. Será el momento en el que se realizarán las fotografías por separado o por parejas, según cada caso.

Un buen recurso es ganarse al más pequeño de todos, porque la pelusilla o celos hará que los mayores también quieran ser protagonistas y participar en la sesión.

DERECHOS

Para realizar fotografías de niños es necesario tener una autorización por escrito de los padres, indicando el lugar en el que se van a realizar y la fecha y horas concretas.

De la misma manera, también hay que solicitar su consentimiento para almacenar, editar, retocar e, incluso publicar en web o revistas las fotografías realizadas. En el caso de no hacerlo, en su totalidad o a algún apartado concreto, las imágenes no podrán ser almacenadas, editadas o publicadas, en función de a lo que hayan dado su visto bueno.

Fuente: Curso gratuito impartido por Marta Muzás a través de EFTI.

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