Letra Q - Quebrada en mil pedazos“B” de Barcelona, “M” de Madrid, “P” de Pamplona, “Q” de queso, “Q” de queso, “Q” de queso, siempre el mismo pensamiento, ¿qué fotografío para la letra “Q”? Un queso, una rodaja de queso, unos taquitos de queso, unas lonchas de queso fundido, queso, siempre el queso.

Pero, ¿hay vida, en este caso palabras, más allá de la “Q” de queso? Las hay y, muchas, por añadidura. Sólo me hacía falta pensar, darle al coco un poco: quejarse, quedar, quiebra, quebrar, … El queso empezaba a fundirse cual loncha en un sandwich mixto.

No obstante, a pesar de las opciones que se abrían ante mi, las palabras no llegaban acompañadas de imágenes o, cuando menos, de imágenes convincentes o factibles. Pero, a veces, el azar, la suerte y el pasar por el sitio justo son suficientes para encontrar la idea.

Días atrás a la publicación de esta entrada, tuve que hacer un viaje relámpago a Zamora para trasladar unos muebles y enseres que ya no tenían cabida en mi casa. Como me hacían falta un par de brazos robustos para moverlos, recurrí a mi amigo y, nuevo aficionado a la fotografía réflex, @jerin377. El plan no pintaba muy mal. Por la mañana traslado y descargar el coche y, tras la comida y un café con baileys al solecito en la Plaza Mayor, sesión fotográfica por las calles de la ciudad románica.

Comenzamos el recorrido fotográfico-turístico por la iglesia de Santiago el Burgo. De ahí fuimos al Mercado de Abastos, a punto de cerrar ya a las 5 de la tarde. Nos detuvimos unos minutos fotografiando sus enormes vidrieras en forma de arco que tiene en ambos fondos de su estructura arquitectónica.

En uno de esos fondos, aprecié que uno de los cristales estaba roto debido, muy probablemente, al lanzamiento de una piedra. En el otro fondo, la cristalera estaba impoluta y, en ella se reflejaba una grúa de construcción. Pero con una particularidad, el reflejo no era perfecto, parecían las piezas de un puzzle descolocadas. Era una grúa desencajada, rota, quebrada por las singularidades de los cristales que conforman el arco de una de las puertas de acceso al mercado. Encontré mi objetivo, encontré la idea.

Carlos y yo, con nuestras cámaras y mochila a cuestas, seguimos paseando tranquilamente por las calles de la ciudad castellano-leonesa: de nuevo en la plaza Mayor, la plaza de Viriato, el mirador del río Duero, la iglesia de la Magdalena, …, y así hasta llegar a la Catedral, en la que nos colamos sin pagar el peaje patrimonial, justo antes del inicio de una ceremonia religiosa.

En el torreón del castillo, hicimos un pequeño receso y, nos relajamos unos minutos contemplando las vistas que de la ciudad y de la torre de la catedral se tienen desde allí. Desde allí, descendimos a la vera del río Duero, crecido tras las últimas y abundantes lluvias de abril. Se hacía tarde, pero aún así, nuestros pasos nos llevaron hasta las Aceñas de Olivares, viejos molinos movidos por el continuo paso del agua, que hoy han quedado para exposiciones y actividades lúdico-culturales.

Eran ya las 9 de la noche y, tocaba regresar, pero no nos privamos de cruzar a la otra orilla del río para fotografiar la vista que se tiene de la catedral y el palacio episcopal.

Media hora más tarde emprendíamos rumbo de vuelta a casa, que Madrid quedaba todavía lejos, con la sensación de haber disfrutado de un día completo y entretenido, aunque, ahora que lo pienso, desde que nos despedimos aquella noche no he vuelto a hablar con Carlos, ¡sospechoso! ¿Quizás fue mucha caña y demasiada foto?

Quedan menos de 10 letras para finalizar este, mi segundo proyecto fotográfico. La letra R podría ser fácil, teniendo mi mujer por nombre Rosa, pero intentaré ilustrar algo distinto, que suponga un mayor “reto”.

Muchas gracias a todos y hasta la letra que viene.

Título: “Quebrada en mil pedazos”

Datos EXIF
ISO: 100
Apertura: f/8
Velocidad: 1/160
Distancia focal: 26mm

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